Cartografía

26 de JUNIO DIA DE LA CARTOGRAFIA

La cartografía, el arte de trazar mapas o cartas geográficas, supone una compleja serie de procesos en los que intervienen el agrimensor, el cartógrafo, el delineante, el grabador y el impresor, o bien mediadores tecnológicos -como observatorios satelitales y computadoras-, a los fines del relevamiento topográfico de un terreno preciso para su posterior inscripción en un croquis. Esta práctica, cuyos orígenes se remontan a la prehistoria, ha sido testigo de las fantasías, descubrimientos y conquistas que fraguaron las diversas concepciones del mundo que produjo la humanidad a lo largo de los siglos, y actualmente se proyecta, con renovadas técnicas e instrumentos científicos, hacia un futuro de dimensiones todavía inciertas: el espacio.

LOS MAPAS

Según la información que proporcionan, los mapas -palabra derivada del latín que significa “pañuelo” o “servilleta”, figurando la tela en que se dibujaban- pueden ser políticos, físicos, meteorológicos, geológicos, etnológicos, lingüísticos, históricos, estadísticos, náuticos, hidrográficos o militares. Los mapas celestes -o de las constelaciones- son los llamados astronómicos, así como los que sirven a la navegación aérea se denominan cartas aeronáuticas. Producto de la representación convencional que resulta de proyectar, generalmente sobre un plano y a escala reducida, toda o parte de la superficie esférica de la Tierra, los mapas señalan la extensión relativa y la posición de los rasgos físicos de una zona determinada por medio de perfiles, contornos, símbolos y nombres. Entre todos los documentos conocidos sobre el origen de la cultura humana, los mapas fueron los primeros en recoger noticias acerca del mundo habitado, y hasta puede decirse que en ellos comenzó a “escribirse” la historia, ya que en la actualidad los especialistas reconocen que la realización de mapas precedió a cualquier tipo de escritura. Entre los testimonios más antiguos que se conservan, los mapas de los nativos de las islas Marshall se destacan por su cuidadosa realización tanto en términos de exactitud geográfica como de artesanía. Por su parte, los indios colombianos sorprendieron a los conquistadores españoles con sus mapas dibujados en corteza de árbol que, enrollados, llevaban consigo en sus travesías, y en los que anotaban los nombres de los ríos y las montañas de la región. Los esquimales, los aztecas, los maoríes y los malayos, por nombrar sólo a algunos, también realizaron mapas, aunque más rudimentarios, en piedra, madera y hueso.

NACIMIENTO DE LA CARTOGRAFIA

El mapa más antiguo de la humanidad es una tablilla cuneiforme hallada el siglo pasado cerca de las ruinas de Babilonia, que se conserva en el Museo Semítico de la Universidad de Harvard. Esta tablilla de arcilla cocida, grabada en caracteres cuneiformes, data de unos 3900 años antes de Cristo. En ella se muestra la Mesopotamia, rodeada de montañas, atravesada por el río Eufrates. Los puntos cardinales están señalados por pequeños círculos, lo que evidencia el grado de precocidad de los sumerios en el campo de la astronomía. Por otra parte, la concepción sumeria de la Tierra como un bote redondo invertido que flotaba sobre las aguas inspiró a los primeros cartógrafos griegos. El primer mapa en el que se representó “todo el ámbito de la Tierra, con todos los mares y todos los ríos” fue atribuído a Anaximandro de Mileto.


CENTRO ARGENTINO DE CARTOGRAFIA

El Centro Argentino de Cartografía, fue creado el 23 de noviembre de 1955, con el objeto de conformar una institución donde pudiera nuclearse los técnicos y profesionales que se dedicaban a esa actividad y para el desarrollo y progreso de la misma. Carente hasta ese momento de antecedentes en el país, su creación iba a permitir que la Cartografía asumiera el papel que le correspondía, dentro del quehacer técnico-científico en el ámbito nacional. Entre sus principales objetivos cabe destacar los siguientes: Creación de una Escuela Nacional de Cartografía. Entrega de diplomas o certificados de idoneidad a aquellos técnicos carentes de ellos. Reconocimientos de socios Honorarios mediante diplomas, a todos aquellos profesionales y técnicos que se habían destacado en forma sobresaliente en el ejercicio de eta actividad. Realización de cursos y conferencias. Estímulo para impulsar la confección de trabajos sobre Cartografía. Creación del Día de la Cartografía, etc. Cabe señalar que todos estos objetivos fueron alcanzados.

INSTITUTO GEOGRAFICO MILITAR

Su origen se identifica con el nacimiento de la Oficina Topográfica Militar, ocurrido el 5 de diciembre de 1879. A principios del año 1901, adopta la denominación de Instituto Geográfico Militar que continúa hasta nuestros días. Sus logros afirman la importancia de la especialidad y en 1919 el gobierno nacional le asignó la responsabilidad del levantamiento de la carta y trabajos geodésicos para apoyar la actividad civil, además de militar. Comenzaba a evidenciarse la necesidad de una Ley de la Carta.
Con la promulgación de la “Ley de la Carta”, el 3 de octubre de 1941, comenzó en forma sistemática y regular, la realización de trabajos geodésicos fundamentales y los levantamientos topográficos con apoyo uniforme y homogéneo de todo el territorio nacional.
El IGM es un organismo descentralizado que se desenvuelve en el ámbito del Ministerio de Defensa. De acuerdo a la Decisión Administrativa 520/96, tiene asignada como responsabilidad primaria, entender en la planificación, programación, ejecución, control, fiscalización y asesoramiento de la actividad geográfica, a nivel nacional, a fin de satisfacer los objetivos y políticas establecidos por el Poder Ejecutivo Nacional, contribuyendo a una eficaz definición y representación de la soberanía territorial argentina. El área de trabajo del personal del IGM sólo está limitada por las dimensiones de nuestro país.
Su sede principal se encuentra ubicada en la Av. Cabildo N° 381 de la Ciudad de Buenos Aires.

ALGUNAS DEFINICIONES UTILES

ATLAS: Nombre dado a la primera colección de mapas de Mercator, editada en 1595, que llevaba en su portada un grabado con la figura de Atlas. (En la mitología griega, por haber tomado partido por los gigantes en contra de los dioses, Atlas fue castigado por Zeus a sostener eternamente sobre sus hombros la bóveda celeste.) Por extensión, colección de mapas en forma de libro.
MAPAMUNDI: Mapa de la Tierra en dos círculos e elipses, correspondientes a los dos hemisferios.
PLANISFERIO: Representación de la superficie de la Tierra en un plano.

Del Libro TERRA AUSTRALIS de Carlos Pedro Vairo Ed. Zagier&Urruty 2011

Introducción

El presente trabajo está muy ligado al guión de la exposición del Museo Marítimo de Ushuaia. La evolución de la cartografía coincide con la de los viajes de “descubrimiento”. Estos producen un cambio no sólo por los hallazgos sino que todo el conocimiento va evolucionando. Por un lado el conocimiento de la “Tierra” y la cartografía, es decir el conocimiento geográfico. Esto hace que también cambie el interés de los distintos reinos en adquirir mayor poder y convertirse en potencias marítimas que a su vez dominaron el comercio. En forma simultánea evolucionó la construcción naval ante las nuevas necesidades del comercio y de la guerra. También cambios en el pensamiento de la población en general al comprobarse que la tierra era redonda; luego continuaron con los adelantos científicos para poder ubicarse en el mar y hacer relevamientos hidrográficos con mayor precisión. Los cambios fueron muy profundos, y aún proviniendo de las ciencias biológicas afectaron hasta a la religión, como la teoría de la evolución de las especies de Charles Darwin. 

A medida que uno profundiza en la historia del descubrimiento y los viajes de exploración en la región austral, tan necesarios para cumplir el objetivo de búsqueda de riquezas en oriente, surgen preguntas como en qué se basaron para aventurarse a lo desconocido con medios tan precarios. Por supuesto que existió una gran dosis de aventura e imaginación, es esencial para que el hombre avance, pero también una dosis de conocimiento recibido a cuentagotas y desde regiones remotas. No fueron viajes totalmente a ciegas sino que todos tuvieron, aunque en algunos casos muy pequeña, una cuota de información producida por otros viajeros. Sea por casualidad o por alguna tormenta, estos viajeros daban los indicios para que otros avancen un poco más, y de esa forma desmitificar teorías o elaborar otras nuevas: el mito que perduró por casi un siglo de una Tierra del Fuego formando parte de un gran continente austral; o como lo fue la exploración de la Antártida; o la búsqueda de las míticas islas “Peppis”, sólo para citar algunos ejemplos.

El estudio e interpretación de la cartografía antigua fue riquísimo dado que complementó, con mucho lujo, el llegar a comprender más profundamente la visión de estos exploradores. La iconografía que las acompaña muestra claramente el concepto que mentalmente se formaban, tanto de los pueblos originarios como de las riquezas de la región. También de las fantasías y de los temores sobre lo que podía suceder ante lo desconocido: tomar por monstruos marinos a las ballenas; estar pendientes que aparezcan las gigantescas serpientes marinas o el temido calamar gigante (este último caso hasta no hace mucho tiempo). Todo esto con las particularidades de la evolución de la cartografía desde el pergamino, copias manuscritas, el grabado, las casas impresoras, los gabinetes de cartografía y el arte en el dibujo, el coloreado, las enciclopedias, las editoriales y hasta el poder económico y político que esto representaba.
De esta forma, la búsqueda de cartografía antigua de la región austral desarrollada durante más de veinte años terminó en una buena colección que está en el archivo del Museo Marítimo de Ushuaia. En un comienzo motivada por la colección que existe en el Departamento de Estudios Históricos Navales (Casa Amarilla) pero que se centralizó en la región que conforma la Provincia de Tierra del Fuego.
Debo agradecer la orientación que brindaron el Prof. Mateo Martinic Beros del Instituto de la Patagonia (Universidad de Magallanes) y Oscar Pablo Zanola del Museo del Fin del Mundo; ambos con su visión particular, el primero más centralizado en el Estrecho de Magallanes y el segundo en la protocartografía. 

Breve historia de la cartografía
La cartografía como ciencia podemos decir que tiene sus orígenes en la Antigua Grecia, pero es de destacar que partieron de una idea general del mundo similar a la que tenían los babilonios. Para ubicarnos brevemente en el tema, los babilonios tenían mapas hacia 2.300 AdC, aunque su fin era para cobrar impuestos. También es interesante mencionar que antes de la historia escrita ya existían mapas. Estos fueron una necesidad para todas las civilizaciones y mostraban esencialmente itinerarios necesarios para poder desplazarse de un lugar a otro o conocer distancias. Se pueden reunir en dos grandes grupos: a) aquellos que mostraban un lugar, informativo b) y los más intelectuales que con imágenes representaban a la Tierra incluyendo un sentido cosmológico y religioso, pero desde el punto de vista del autor (como centro de la Tierra). Los egipcios tenían mapas que eran itinerarios para ir a distintos lugares con dibujos étnicos donde figuraban los pueblos a encontrar en el camino. 

Los Griegos
Volviendo a la Grecia clásica y sin tenerlo totalmente por seguro, se cree que el primer mapa que representaba el mundo conocido tenía forma circular; alrededor del mar Egeo estaba el mundo conocido, a su vez rodeado por el Mar Océano. Se atribuye este mapa al filósofo griego Anaximandro en el siglo VI AdC.  
Para Tales de Mileto (VI AdC) el mundo era esférico, cosa que concibió por los eclipses. Es posible que se creyese que la parte habitada era la superior y en el resto estaba el océano, es decir que descansaba sobre el agua que era el origen de todas las cosas húmedas (como las semillas de la naturaleza). Es como si quisieran responderse muchos interrogantes con pocas respuestas verdaderas.
Aunque existe una gran evolución podemos decir que los mapas actuales se basan en la “geografía matemática” de la Grecia clásica, que perfeccionándose llegó hasta el siglo XV. Entre estos grandes avances se encuentra la división de la Tierra en meridianos y paralelos (aunque a intervalos irregulares) realizada por el filósofo Eratóstenes que fue el tercer director de la biblioteca de Alejandría (200 AdC). Entre sus importantes observaciones y cálculos matemáticos le debemos atribuir la primera medición de la Tierra (40 mil kilómetros); como así también la distancia al sol y la luna. Calculó casi a la perfección la eclíptica (23º 51´ 15”). Además de un libro de historia cronológica desde la guerra de Troya hizo cartografía que abarcaba desde Gran Bretaña al Ganges, además de Libia y Yemen por el sur. Ya contaba con paralelos y algunos meridianos. Recopilaba la información que le llegaba de marinos y exploradores. Las distancias las obtenía por los días de navegación, que se calculaba con viento favorable y una velocidad de 4 a 6 nudos. Tolomeo fue un cartógrafo griego que vivió entre los siglos I y II DC. Tuvo una gran influencia hasta la edad media por la reproducción de la esfera terrestre por medio de una proyección cónica de su cartografía, aunque con grandes errores como la gran extensión de la región euroasiática. Sistematizó la representación al colocar siempre el norte hacia arriba y el cálculo de las coordenadas. Inventó instrumentos como el cuadrante con el cual los exploradores podían calcular la latitud. El cuadrante originó otros como el astrolabio, perfeccionándose hasta llegar al sextante.

Durante el Imperio Romano se distinguen dos tipos de mapas: a) los Mapamundi de gran belleza y b) los Itinerarios, que seguirían los ejércitos, comerciantes y demás viajeros.
Luego de la caída del Imperio Romano existe un gran retroceso en el aspecto cultural y se retorna, basándose en aspectos de la Biblia, a la idea de una tierra plana con hermosas ilustraciones que los convierten en verdaderas obras de arte. Pero se dejó de lado la geografía matemática y las coordenadas, el gran avance de los griegos.

Fueron los árabes que retomaron los conocimientos de Grecia y elaboraron mapas extendiendo sus fronteras (siglos VIII al IX) y de esa forma reingresan a Occidente. La gran figura será Al-Idrisi, que usó como principal fuente el trabajo de Tolomeo y realizó un mapa del mundo en 1154.
Recién cuando se cierra el comercio a Oriente, España y Portugal sintieron la necesidad de explorar y dejando de lado lo teológico comenzaron a plasmar los conocimientos de los navegantes. 

Portulano
Aparecen unas cartas náuticas (mapas para navegar) que se originan en los cuadernos de instrucciones donde los navegantes anotaban la dirección y distancia entre puertos. Tuvieron su apogeo desde el siglo XIII hasta comienzos del XVII.
Estas cartas entrecruzadas por una red de líneas negras marcaban las rutas a los puertos de salida y arribo. Las líneas estaban relacionadas con los vientos locales predominantes que se tomaban entre los ocho más importantes (Levante, del Este; Tramontana, del Norte; Greco, del NE; Siroco, del SE; Mediodía o Austro, del Sur; Lebeche, del SW; Poniente, del Oeste; Mistral, del Noroeste; como por ejemplo los del Mediterráneo en donde se originó el Portulano). Una de las características principales es que únicamente estaban dibujadas las costas con relativa exactitud. También se le iban agregando los escollos que encontraban los navegantes como islas, arrecifes, bajofondos, etc. Por supuesto que además de los mapas que usaban los navegantes, se elaboraban otros para príncipes y reyes donde intervenían artistas y los cartógrafos más importantes.

Estas cartas náuticas (portulanos) se realizaban sobre pergamino y eran perfeccionadas constantemente dado que raspando el pergamino se podía borrar y dibujar nuevamente. En especial cuando el uso de la brújula se hizo más frecuente, a fines del siglo XIII, y también el astrolabio (del cuadrante) para conocer la meridiana, es decir la posición del navegante (observador) al mediodía (cuando el sol estaba más alto). Aunque no tenían coordenadas, mantenían una escala lineal y de allí se podía obtener la distancia entre los puertos en leguas “marinas”.
Por el material en que estaban confeccionados, los naufragios y el hecho de que se hacían a pedido no han sobrevivido muchos. Los más famosos son: la Carta Pisana, el portulano de Angelino Dulcert donde se representan por primera vez las Islas Canarias, y el Atlas catalán de Abraham Cresques.
Cómo se habrá vivido la época “oscura” de occidente que estos portulanos coexistieron con los mapas de “Tierra Plana” de los monasterios, basados en los conocimientos de los teólogos.
Así es como recién en el siglo XV resurgen los descubrimientos de Tolomeo. Sólo trece siglos después occidente retoma los conocimientos desarrollados por los filósofos griegos. Estas técnicas permitieron hacer mejores relevamientos justo cuando comienzan los grandes viajes de exploración. En forma secreta los más osados “redescubrieron” la redondez de la Tierra, muy a pesar de los “monásticos”.
De esta forma se combinaron los portulanos con las enseñanzas de las famosas cartas ptolemaicas, que llegaron a sobrevivir hasta el 1600.
En el Renacimiento el desarrollo cartográfico fue muy importante. Mercartor y Ortelius pusieron fin a las cartas ptolemaicas (mediados del siglo XVI). En este punto suspenderemos un poco la historia general de la cartografía para luego adentrarnos con la particular de América y Tierra del Fuego.
Tanto Solís, Pinzón, Juan de la Cosa como Vespucio (contratado por Felipe II) contribuyeron con sus expediciones al trazado de los primeros mapas de los que se tiene conocimiento sobre el continente americano. Asimismo, los llamados planisferios de Salviatti y de Castiglione, ambos aproximadamente de 1525, son importantes documentos de la cartografía de la época en la cual se basaron mapas posteriores. El planisferio de Castiglione fue regalado a éste por el emperador Carlos V. El mapa de Martín Waldseemüller (realizado en 1507 e impreso en 12 hojas separadas), fue de los primeros en los que se separaban con claridad Norteamérica y Sudamérica de Asia. Este geógrafo alemán fue el primero en designar con el nombre de América a las tierras recién descubiertas. Aparentemente el nombre fue en reconocimiento al trabajo de Américo Vespucio, que trabajaba para la corona lusitana, aunque no se encuentran datos de él ni en los archivos. Esto es a modo de ejemplo de cómo mucha información, ya sean diarios de viaje y cartas náuticas (mapas) se perdieron por saqueos, incendios y demás catástrofes. Pero en cuanto al dibujo de los mapas se hacía con Portulanos y las cartas ptolomaicas.
En este tipo de conocimientos y cartografía se basó Cristóbal Colón para intentar llegar a oriente cruzando el Atlántico. Así es como muchos defienden la actuación de Américo Vespucio y aprueban que se llame al continente América, aunque otros dicen que debió ser llamarse Colombia. 

Abraham Ortelius, flamenco, fue el que publicó el primer Atlas en 1570. Fue reimpreso con correcciones hasta 1612. Su obra “Theatrum Orbis Terrarum” en su primera versión contenía 70 mapas: 56 de Europa, 10 de Asia y África y uno de cada continente. Realizó una selección de los mejores mapas disponibles que redibujó con un formato uniforme y estableció un orden lógico de los mapas: mapamundi, Europa, Asia, África, Nuevo Mundo. También incluyó una lista con los nombres de los autores de los mapas.
Este atlas tuvo un gran éxito, sobre todo por su tamaño y formato. Fue editado en diversos idiomas. Si bien los descubrimientos se mantenían en el mayor secreto ya que había mucho espionaje, se nutrió de los relatos de los exploradores portugueses al ser nombrado cartógrafo de la corte por Felipe II.

Gerhardus Mercator (1512-1594, germano-holandés) realizó una gran innovación. En 1569 editó un mapamundi donde utilizó una proyección cilíndrica rectangular, tal como la conocemos en la actualidad, donde está todo el mundo sin los polos. Están representados los paralelos y los meridianos en intervalos regulares y aunque se deforman cuando se llega a los polos, sigue utilizándose hoy en día para navegar (lógicamente con todos las correcciones que la tecnología fue permitiendo). Tiene muchas virtudes para la navegación como la loxodromia, ángulos para cada meridiano, que se puede obtener por medios gráficos. El primer año después de la muerte de Mercator se publicó su gran libro de mapas del mundo. Él lo denominó Atlas, en honor al gigante de la mitología griega que sostenía la bóveda celeste, y desde entonces así se han denominado las obras mayores de cartografía. Posteriormente, los famosos grabadores en cobre Jodocus y Hondius perfeccionaron y volvieron a publicar el atlas de Mercator. Como dato ilustrativo también la cartografía se desarrolló en las civilizaciones mayas e incaicas. Los incas, en el siglo XII DC, hacían mapas de las tierras que iban adosando a su Imperio. 

Inv. Nº 62 MMU. “Orbis Veteris Descriptio seu Ptolemaei Typus”. Realizado por Giovani Antonio Mangini. Publicado en 1713. Proyección tolomeica. En realidad se hicieron sucesivas publicaciones de este mapa que fue publicado por primera vez en 1595 (circa). Describe al Mundo Antiguo y esboza un océano Índico cerrado. Es interesante como ejemplo de esta proyección para comparar con la Mercator, que luego se adoptó y es la que se usa actualmente. 

Inv. Nº 100 MMU. Mapamundi realizado por Pierre Mortier en 1700 (circa). “Carte Generale du Monde, ou Description du Monde Terrestre & Aquatique”. Es el primer mapa dibujado en proyección Mercator. California figura como una isla. Aparece el “mer de Paraguay” cerca de la desembocadura del Rio de la Plata. Se distingue la leyenda “Magallanique” en Tierra del Fuego y en Patagonia con una frontera norte en Cabo San Antonio (aprox.). Se pueden ver cinco esferas en la parte superior: la noche y el día; las mareas; las fases de la luna; el hemisferio occidental y oriental. 

Cartografía en el siglo XV. Describiremos cuál era la situación en España. Ya vimos los avances de la geografía matemática y las navegaciones que fueron impulsadas por el cierre del mercado de oriente por las rutas conocidas. Para esto nos referiremos a la Casa de Contratación de Sevilla y su papel en el conocimiento geográfico por medio de la cartografía náutica. En 1503 se crea la esta institución que es lo que hoy llamaríamos una especie de Secretaría de Temas Marítimos, que dependía directamente del rey de España. En un comienzo se ocupó de todos los asuntos ultramarinos. Tenía responsabilidad sobre todo aquello que se relacionaba con los asuntos comerciales y de conquista, a los nuevos descubrimientos y lo que esto traía aparejado. Con el tiempo se le sumó todo lo relativo al Nuevo Mundo y luego las tierras descubiertas en el mar del Sur (Pacífico). 

Una de sus funciones consistía en enseñar y examinar “las artes de la navegación de altura” (era un poco de sentido común, experiencia, tradición y algo de ciencia) a los pilotos de las expediciones. También algo que fue muy importante: la recopilación de todas las novedades geográficas reportadas por los navegantes, lo que permitió elaborar cartas náuticas más veraces. Para ello hizo obligatorio que se escribiera un diario, que a veces era un simple relato, de lo que sucedía en la navegación y lo que se avistaba. Para poner orden en el caos de tierras que cada navegante ubicaba en diferentes lugares se ordenó (en 1508) al Piloto Mayor Américo Vespucio (Amerigo Vespucci) reunir a todos los pilotos y hacer un “padrón” de las tierras descubiertas confeccionando de esta forma el Padrón Real. Se centraba en las tierras pertenecientes a la corona española. También ordenó que los pilotos se debían guiar solamente por este Padrón y reportar todas las novedades que encontrasen. En 1527 fue más expreso, ordenando que los pilotos debían escribir día a día todo el viaje desde el puerto que sea hasta su arribo a Sevilla o Santo Domingo, aclarando el camino que hicieron, el rumbo, los bajos, islas, distancia de la costa, y todo lo relativo a la navegación.

Ante el gran trabajo al que estaba sometido el Piloto Mayor se desdobló su actividad. Quedó para él la responsabilidad la de enseñanza y examinación de los pilotos, al tiempo que aparece el “cosmógrafo”, que confeccionaba los instrumentos de navegación, las cartas náuticas y el Padrón Real. Todo esto tiene gran importancia porque se sucede entre 1518 y 1537, donde aparecen las primeras cartas del sur de América, del estrecho de Magallanes, y se insinúa una “Tierra Australis Incognita” que para muchos podía ser el continente Antártico(al cual nos dedicaremos más en profundidad).

Es en este momento que vemos una transición que podemos notar en las cartas náuticas publicadas en el presente trabajo. La resolución “tolomaica” (proyección cónica rectangular) se dejó de usar para pasar a una carta cuadrada donde aparecen los grados de longitud y latitud y más adelante las profundidades. Pero se mantenían algunos nudos de araña y rosas de los vientos, mas como resabio estilístico que otra cosa. Es importante destacar que se usó la distancia de 17 leguas y 1/2 por grado. Aunque no todas usaron la misma medida, lo que causó muchísima confusión y un posterior desconcierto al tratar de interpretar las navegaciones de las distintas expediciones: dependían de la legua usada y de cuanto medía el grado. La mencionada medida era con leguas castellanas, pero el grado en leguas alemanas era de 15. Y además cuánto era una legua: podía ser la legal de 3 millas o la común de 4 millas; y a su vez la milla usada en ese entonces era la de 1.480 metros (mil pasos) y no la milla náutica de 1.852 (ver el libro Cartografía y Navegación de Rubén Álvarez, Enrique Albornoz y José María Olivero, muy buena obra para los que quieran profundizar). Un claro ejemplo que dan en dicha obra es la referencia de la Nao Santiago, que en 1520 ingresó más de 20 leguas por el río Uruguay. ¿Desde qué latitud? ¿Qué legua?.

Las cartas náuticas realizadas sobre pergamino por la Casa de Contratación de Sevilla, así como el Padrón Real, se hacían únicamente para los pilotos que las necesitasen en sus viajes hacia el Nuevo Mundo. Se consideró como material confidencial y estratégico. En especial cuando la actividad corsaria y la piratería fue tomando mayor importancia. De cualquier manera la información se filtraba, y rápidamente circularon cartas del estrecho de Magallanes y de América del Sur por toda Europa. El espionaje, al igual que las intrigas estaba en todas partes. Como ejemplo, Francis Drake prohibió que cualquiera de sus tripulantes dibujara mapas o tomara notas. Tampoco se conoció oficialmente nada hecho en su circunnavegación de 1577-1580, pero su sobrino John Drake siguió su mismo derrotero. Hay muchos casos comprobados de espionaje y de copias, como la “Carta Cantino” de 1502, conocida por el nombre quien la encargó y no por el lusitano que la copió. Se encuentra en una biblioteca de Modena, donde fueron a parar las cartas de Cristóbal Colón. ¿Algunas fueron copiadas? ¿Las de Sebastián Gaboto?

Inv. Nº 44 MMU. En esa época, al comienzo de la era de los descubrimientos, muchas naves partían y no volvían. Quienes regresaban relataban su encuentro con grandes peces que tiraban agua, pasando a formar parte de una gran serie de monstruos marinos a los que responsabilizaban de tantas desapariciones. En la lámina de Sebastián Munster de 1550 vemos representados algunos de ellos, basados en los relatos de los marineros y la imaginación de los dibujantes. Cada letra corresponde a una descripción, y su peligro que está explayado en el Anexo 1 (“Monsters…” de “Cosmographia”, de la ciudad de Basilea). Se ve en una escena a una carabela lanzando toneles de alimento mientras intentan calmar a un monstruo (ballena) haciendo sonar trompetas. También vemos serpientes que, según las creencias de los marinos de esa época, hacían tumbar a los buques. En la parte superior está el mundo terrestre con animales conocidos como osos y ciervos, entre otros.

El Estrecho de Magallanes

Retrocediendo un poco en la historia nos vamos a ocupar mas específicamente al Estrecho de Magallanes que por otra parte son las primeras cartas náuticas que reflejan una pequeña parte de Tierra del Fuego.
El proyecto del portugués Hernán de Magallanes fue estudiado luego de varios intentos de encontrar un pasaje de un mar a otro. Entre ellos estuvo el del descubridor del Río de la Plata Juan Díaz de Solís. Fue nombrado Piloto Mayor de Castilla a la muerte del célebre Américo Vespucio (febrero de 1512). De este modo se convirtió en almirante de la flota de descubrimiento española. En octubre de 1515, luego de sortear exitosamente el intento de sabotaje de la corona lusitana, zarpa del puerto de Sanlucár de Barrameda y toca la costa de Brasil, costeando luego Uruguay, e ingresa a un gran mar de “baja Salinidad” que denomina Mar Dulce (se trata del Río de la Plata). En la costa oriental, frente a la isla Martín García, halla la muerte en manos de los aborígenes y su tripulación decide regresar a España el 4 de setiembre de 1516. Realizó un bosquejo de las costas hasta el Río de la Plata que sirvió para las exploraciones que le sucedieron. Anteriormente (1508) había estado navegando con Vicente Yañez Pinzón por la zona del Caribe y la costa de Florida, aparentemente buscando una ruta a las Islas de las Especias. 

Así fue que Hernán de Magallanes consiguió que se apruebe su proyecto y obtuvo la autorización real de explorar las costas, pero navegando hacia el sur en búsqueda de un paso. Es importante entender que al principio de esta “Era de los Descubrimientos” se debía poseer la autorización de la corona para armar una flota (esto no quiere decir que no existieron exploraciones clandestinas). A partir de 1517 comienza a preparar la escuadra y zarpa el 20 de setiembre de 1519 desde el puerto de Sevilla. De esta forma comienza la aventura exploratoria más importante del mundo. 

Llega a América, pasa por el “Mar Dulce” (Río de la Plata) donde investiga un poco más con los datos que poseía de Juan Díaz de Solís, y continúa hacia el sur. Después de varias tormentas y roturas en las naves recala en Puerto Deseado (que llamó Bahía de los Trabajos Forzosos, por las tareas de reparación) y luego inverna en San Julián. Esto sucedió el 31 de marzo, víspera de Domingo de Ramos. El verano dejó pasar al invierno que castigó a la flota. Es allí cuando Hernán dev Magallanes anunció que la flota permanecería en el lugar hasta que el clima les permitiese reanudar la exploración en búsqueda del paso. Quedó en la amarra casi cinco meses. En ese lapso de tiempo envió a la Santiago a explorar la costa, pero esta nave no regresó. La invernada no fue del todo placentera, dado que además de las novedades que le deparaba la Patagonia tuvo problemas con sus capitanes y un clima bastante inhóspito. El Capitán General decidió que era prudente fondear su nave insignia en la boca de la bahía: de esta forma cerraba la entrada y cualquier buque que intentase pasar quedaba a tiro de sus cañones. Ese era el clima que reinaba en un desolado lugar con muy escasa vegetación, flanqueado de acantilados, donde la marea tiene una amplitud cercana a los 8 metros y la velocidad es de aproximadamente 6 nudos en la estrecha desembocadura de media milla de ancho. 

El 18 de octubre de 1520 zarpa nuevamente hacia el sur luego de recalar en la ría de Santa Cruz. A los tres días, y muy seguro en su teoría, dobla un cabo. Por haber sido el día de Santa Úrsula, que fue convertida en mártir junto a otras Once mil Vírgenes, lo denomina Cabo de las Once Mil Vírgenes (hoy Cabo Vírgenes). Así comienza una larga exploración con muchos contratiempos y deserciones. Ya para esa altura se había perdido la Carabela Santiago, cerca de la desembocadura del río Santa Cruz (hacia el sur). Así es que ingresaron la Trinidad, San Antonio, Concepción y Victoria. Toda la epopeya de recorrer el estrecho que hoy lleva su nombre es digna de “hombres de acero en barcos de madera”. La San Antonio y la Concepción sortean el primer estrecho y al ver agua de mar hasta el horizonte y grandes profundidades se convencen que ese puede ser el paso tan buscado. En una tormentosa noche la flota echa ancla en una bahía en la costa sur del estrecho. Al ver humo sale un bote para explorar su origen: son señas evidentes de presencia humana, aunque no se topan con ningún ser viviente. El lugar fue bautizado como “Tierra de Humos” y/o “Tierra de los Fuegos”.

Luego pasan la Segunda Angostura, y tras cinco semanas de exploración llegan al buscado Mar del Sur (“Sinus Magnus” tolomaico), que denomina Pacífico por lo tranquilas que encuentra sus aguas. Vemos su ánimo cuando deja atrás los dos cabos que dan sobre el Pacífico y que bautiza Deseado y Victoria. Existen versiones de que el estrecho ya se había descubierto con anterioridad por una exploración privada o clandestina, y algunos sostienen que fue un redescubrimiento. Si es verdad no se sabe, dado que no ha quedado registrado ni en la historia ni en la cartografía, y se hacen ciertas interpretaciones de cartas muy antiguas denominadas “protocartografia” donde afirman ver bien definida Tierra del Fuego. Estos cartógrafos se guiaban generalmente por los comentarios de los marineros, y trataban de obtener la mayor cantidad de detalles que luego plasmaban en un dibujo modificando, muchas veces, mapas ya existentes. Basan esta creencia en la interpretación de un apéndice en el Continente Sud Asiático que opinan que es América, conocido como la Cola del Dragón y también sostienen que la flota de Haro pasó por el estrecho seis años antes que la expedición de Magallanes.

1599 Inv. Nº 13 MMU. El “Fretum Magallanicum” se trata de una curiosa visión de tierras desconocidas como lo fueron por mucho tiempo las del extremo sur de América. Este muestra la Patagonia desde el Río de la Plata.

Primeros mapas del estrecho.

Aparecen los primeros mapas con la insinuación del estrecho. Uno aparentemente surge luego de la llegada de la San Antonio, donde se encuentra una gran bahía como inicio del “estrecho”, que Juan Vespucio llamó “Cava de Sto. Antonio” (1523). La San Antonio, nave desertora de la expedición, había pasado la primera angostura. También hay otro mapa guardado en el TopKapi de Estambul bajo el título “Esta Terra Descobrio Fernando de Magallanes” (se encuentra exhibido, aunque creo que no debe ser el original). Pero sin lugar a dudas el primer bosquejo pertenece a quien luego se convirtió en relator oficial del viaje de Magallanes, el de Antonio Pigafetta. Realizó varios manuscritos del viaje, siendo el más interesante es el que se conserva en Estados Unidos de Norteamérica, y en cada copia hay uno con leves variantes pero todos presentan un estrecho rectilíneo con algunas inflexiones que son las angosturas. Antonio Pigafetta se había sumado a la expedición más por su espíritu aventurero y las ganas de ver qué es lo que había; después vería si le sacaba algún provecho. Así fe como escribió “Notizie del Mundo Novo con le figure del paese scoperti descritte da Antonio Pigafetta , vicentino, Cavagliero di Rodi” del cual luego hizo varias versiones a pedido de los monarcas. Como aclaración es interesante mencionar que escribió estas “memorias” a pedido y fueron justamente eso y no un diario de a bordo o del viaje propiamente dicho. 

Aunque el primer mapa donde figura el paso y las tierras adyacentes es de 1523, conocido como “Padrón Real de Turín”, realizado en pergamino iluminado (con colores). Le siguen varios mapas hasta llegar a 1531 cuando aparece el primero impreso (realizado por el francés Orontius Finnaeus) pero con un detalle muy importante: al sur del estrecho aparece una gran masa de tierra cubriendo el Polo Sur a la que se denominó “Terra Australis Recenter Inventa sed nondun plena cognita”, luego sintetizada durante más de un siglo como “Terra Australis Incognita”. 

En 1540 en el Islario de todas las Islas del Mundo (de Alonso de santa Cruz, cosmógrafo de la Casa de Contratación de Sevilla) aparece una carta particular del estrecho incorporando la información de las exploraciones de Loayza y Camargo (Ver mapa Inv. Nº 27 MMU). 

Secreto sobre lo descubierto y expediciones clandestinas

En ese momento se especuló con que el “paso” navegado por Hernán de Magallanes (Fernando de Magalhais), al fracasar los intentos de encontrarlo, se había cerrado por alguna catástrofe natural. También se conocen una media docena de expediciones clandestinas, sin la autorización real, pero son referencias algo vagas y sin mayor aporte. Es de considerar que si obtenían información era para su propio provecho, aunque tampoco quedó reflejado en la historia cual fue el mismo, ni su posterior utilización.
La corona española trataba de mantener el mayor secreto sobre el tema. Así es como otras naciones se prepararon para encontrar dicho paso, o cualquiera que les permitiera llegar a las “Tierras de las Especierías”. 

Inv. Nº 75 MMU. Ilustración del viaje de Dumont D´Urville 1846. “Voyage au Pole Sud et dans L´Oceanie”. Estrecho de Magallanes-. “Entree des forets de la rivier Sedger” 

Es interesante ver lo que sucedió con una expedición de relevamiento al estrecho de Magallanes que se realizó por el Pacífico y duró varios años. Desde 1540 el capitán Pedro de Valdivia quería largarse a la conquista de los territorios al sur de Perú hasta el estrecho de Magallanes. Pide al rey que se le otorguen esas concesiones y simultáneamente larga una expedición. Al mando de Francisco de Ulloa parten, en octubre de 1553, tres naves hacia el desconocido sur. No bien pasado el golfo de Penas se encontraron con el intrincado archipiélago y costas abruptas de la zona, acompañadas por un clima muy duro, casi inhóspito. Las tres naves se separan y van recorriendo la zona en búsqueda de un acceso occidental al Estrecho de Magallanes. Sólo una llega a la boca oriental del estrecho, la del Capitán Hernando Gallego, regresando luego a Valdivia en enero de 1554. Conocidos estos resultados el nuevo gobernador ordena la expedición de tres naves al mando del Capitán Juan de Ladrillero en noviembre de 1557. Regresando a Valdivia en marzo de 1559, realizó un trabajo que se vio reflejado en Descripción y Derrotero del Estrecho de Magallanes; el cual duplicaba, al menos, la información que se tenía de él. La Casa de Contratación de Sevilla, al ver tan valiosa información y con temor que cayese en manos enemigas, lo guardó en secreto por más de dos siglos y medio. Sólo trascendió cómo era la visión de la costa occidental del sur. Hasta el 1800 estuvo guardada, o tal vez perdida, entre papeles y cartas de otros cientos de pilotos. Fue recién entonces que muchas de las exploraciones de Ladrillero fueron volcadas a la cartografía. A esta expedición le siguió la del corsario inglés Francis Drake, que en 1578 ingresó con cuatro naves al estrecho. Lo cruzó en sólo dieciseis días, pero luego de esa relativa tranquilidad le tocaron meses de mal tiempo que lo llevaron al sur descubriendo que no había ningún continente como se afirmaba en ese entonces. Con tanta tormenta no se conoce muy bien su periplo ni dónde encontró refugio para tomar un descanso y reparar la nave.

Francis Drake continuó su viaje acosando las costas de América de Sur con el Golden Hind, logrando luego completar la segunda vuelta al mundo. Así fue como ese Mar fue llamado “Mar de Hoces” por España y “Pasaje de Drake” por los anglosajones. 

Además de su descubrimiento geográfico logró demostrar lo vulnerable que era la corona española con sus dominios de América y el paso por el estrecho. Esto inquietó mucho a los españoles, y hasta se pensó en cerrar el estrecho con cadenas para evitar el paso de buques de otras banderas. 

La reacción fue casi inmediata El 21 de enero de 1580 llega Sarmiento de Gamboa, que parte desde Valdivia hacia el sur, realizando un relevamiento e investigando la posible presencia de banderas extranjeras en la zona. Finaliza su trabajo a fines de febrero y continúa viaje directamente a España para poder dar cuenta a la casa real de lo explorado. Su trabajo fue muy bueno y complementaba al realizado por Ladrillero. Lamentablemente corrieron la misma suerte: fueron celosamente guardados; y en cierta forma no fueron superados hasta doscientos cincuenta años más tarde con las expediciones inglesas. El segundo viaje de Sarmiento de Gamboa en 1583 tuvo como objetivo fundar dos ciudades con la intención de poblar la región y en cierta forma defender el “estrecho”. El resultado fue bastante lamentable, dado que perecieron prácticamente todos mientras esperaban las naves de refuerzo con alimentos y demás enseres para mantener las poblaciones. 

Inv. Nº 47 MMU. Port Desire. Por Le Maire, 1619. Las expediciones en su viaje al Estrecho de Magallanes, o cuando eran rechazados por él, buscaban refugio en Puerto Deseado. Sea para pasar el invierno o cargar agua potable y alimentos frescos, como carne de pingüinos, lobos marinos, guanacos y ñandúes. Fue bautizado por el navegante Cavendish el 17 de diciembre de 1586 cuando recaló con su nave insignia Desire. En la lámina vemos cuando se prende fuego el Hoorn de la expedición de Schouten y Le Maire. 

El corsario inglés Thomas Cavendish, con tres naves, ingresó al Estrecho en febrero de 1587 y encontró a algunos sobrevivientes en el lugar que llamó Port Famine (Puerto Hambre), en lo que fuera la Ciudad del Rey Don Felipe. Embarca a uno solo de los españoles, dejando a un grupo de veinte a su suerte, aunque sí retira las cuatro baterías de cañones dejadas por los españoles. Continúa viaje hacia California incendiando tres ciudades y tomando trece buques, llenando así sus bodegas de plata y oro español (americano). Cruzó el Pacífico y completó la tercera vuelta al mundo cuando en setiembre de 1588 arribó a Inglaterra. Continuaron los viajes de corsarios que le fueron dando a Inglaterra conocimientos sobre la zona. En varias oportunidades capturaban pilotos españoles que poseían más conocimiento geográfico. Así se sucedieó la expedición de John Childley (1589) que recaló en Port Famine, pero sin lograr completar el cruce del Estrecho regresó a Inglaterra con el último sobreviviente español de la expedición de Gamboa. Luego siguió otra de Thomas Cavendish (1591). La suerte no lo acompañó. Llegaron al estrecho, pero las tormentas y un duro invierno los obligó a retornar. John Davis, capitán de unas de las naves, tras sufrir mil inconvenientes decidió regresar a Europa y describió unas islas que aparentemente eran las ahora conocidas como Malvinas (esto lo encontramos en un relato de John Jane). 

En enero de 1594 arribó al estrecho la flota del capitán Richard Hawkins. Realizó un aporte importante al explorar la margen sur descubriendo que no se trataba de una gran masa de tierra sino un intrincado archipiélago. También navegó por las islas Malvinas. Relató sus experiencias del cruce del estrecho para llegar al Mar del Sur y su cautiverio en Perú en el libro The Observations of Sir Richard Hawkins in his Voyage into the South Sea, luego de regresar en 1602. Todas estas travesías dejaron un saldo muy positivo para el conocimiento geográfico de Gran Bretaña y un notable debilitamiento de España. 

Inv. Nº 41 MMU. Publicado en 1598, este Mapamundi de Munster/Petri nos muestra al “Nuevo Mundo”. Debe haber sido dibujado por Munster antes de 1552 (falleció ese año). Entre las particularidades que tiene, muestra un paso al norte (noreste y noroeste), que fue redescubierto siglos después. En el sur un gran continente “Terra Australis non Cognita”. La separa del continente americano el “Estrecho de Magallanes”. Esta era la visión del mundo a fines del 1500. 

La expedición de Hawkins fue oficialmente la última de Gran Bretaña; sólo le siguieron bucaneros o piratas. La atención de la corona inglesa se volcó a América del Norte y las Indias Orientales, pero pasando por el Cabo de Buena Esperanza. Así construyeron el famoso Imperio Británico. Antes del periplo de Francis Drake, el interés de establecerse en el estrecho de Magallanes o incluso en la Patagonia fue evidente. Richard Grenville presentó a la reina Isabel un proyecto para establecer asentamientos en las tierras al sur del río de la Plata y Chile. Según su proyecto estas tierras estaban sin ocupar, con grandes posibilidades de aportar tesoros para la corona; es lo que actualmente conocemos como Patagonia. Pero como las relaciones entre ambas coronas estaban muy bien recién fue retomado años después (1577) por Francis Drake cuya intención era llegar al Perú y completó la circunnavegación por las malas condiciones encontradas al pasar por el estrecho de Magallanes. 

Se le debe al geógrafo Richard Hakluyt que en 1589 recopiló y publicó informes de los viajes en Principal Navigations. No se limitó únicamente al relato sino también a la bitácora, croquis e itinerarios tanto de los navegantes ingleses como los que pudieron conseguir de otras banderas. En esta primera publicación aparecieron sesenta y cuatro navegaciones que concernían al Nuevo Mundo. En 1600 lo publica nuevamente, pero con más de cien narraciones incluyendo la batalla con la Armada Invencible, los viajes a Guayana y los primeros a Asia. Lo sucede el geógrafo Samuel Purchas (también religioso). Cabe destacar que les costaba encontrar información de América del Sur, en especial de la costa del Pacífico, dada la prohibición de su publicación por la Casa de Contratación de Sevilla. También es notable el hecho de la publicación que hiciera Hakluyt en 1580 sobre la importancia de la ocupación británica en el “estrecho” en su libro de 1580: A Discurse of the Commoditie of the taking of the Strait of Magellan. Sostenía que el estrecho de Magallanes era la llave parar dominar las Indias Orientales y Occidentales. Logró publicar hasta la de Sebastián Gaboto en su relevamiento del río de la Plata, dio a conocer al lector inglés como era el Nuevo Mundo y creó la literatura de viajes y expediciones con la que se hiciera tanta fama Inglaterra. Purchas también incorporó África, Asia, Norteamérica y el Caribe. Como una pequeña acotación sobre estas ediciones, se destaca el conocimiento sobre el trato aplicado a los indios por los españoles al publicarse extractos del padre Fray Bartolomé de Las Casas; por supuesto que al ser antiespañoles, estos eran escritos muy subjetivos, pero en definitiva fueron los que formaron la opinión y el conocimiento de los lectores de lengua inglesa.

Para continuar con los ingleses, aunque luego retrocedamos en el tiempo para ocuparnos de los holandeses, en 1669 Narborough y Wood realizaron un viaje comercial hacia la costa de Chile. La misión consistía en comerciar con los naturales del lugar sin entrar en contacto con los españoles. Intentaban llegar a la fuente de las riquezas. Estas instrucciones fueron dadas para todo lo que recorriesen al sur del río de la Plata. El resultado, pobre comercialmente dada la resistencia de los gobernantes, tuvo gran repercusión por el importante relevamiento realizado en el “estrecho”, que se vio reflejado en mapas manuscritos y luego impresos. En 1694 se publicó un relato del viaje: An Account of Several Late Voyages & Discoveries que fue, durante largo tiempo, el libro de cabecera de la zona. Fruto de los dos meses y medio que pasó en el “estrecho” entre el viaje de ida y de retorno. Entre los puntos donde recaló y realizó estudios importantes tenemos a Puerto Famine o la Punta Arenosa (Sandy Point o Punta Arenas) además de los pasos Inglés y Tortuoso. Fue un trabajo que cubrió temas hidrográficos, geográficos, climatológicos y etnográficos. 

En 1689 se hizo a la mar en dirección de la costa chilena la expedición de John Strong. Si bien en ese momento Inglaterra y España eran aliados contra Luis XIV de Francia, la intención era comerciar. Con patente de corso, aparentemente para disimular, las intenciones encubiertas eran otras. Desde capturar tesoros de sus aliados a probar establecer un asentamiento en las islas Juan Fernández por si en el futuro dejasen de ser socios. Aunque un relato del viaje fue escrito con sus observaciones, este pasó casi inadvertido. Los ojos de los navegantes estaban puestos en el pasaje por el Cabo de Hornos evitando las penurias del estrecho de Magallanes. Así fue como al romperse las relaciones entre España e Inglaterra una gran expedición fue enviada al Pacífico (1740). Se trataba de la liderada por George Anson, que tenía como instrucción tomar todo barco enemigo y atacar e incendiar los asentamientos españoles, en especial Lima, el Callao y Panamá. Tenía que tratar de convencer a los naturales de la zona para que se subleven contra la autoridad española y la conveniencia de tratar directamente con la corona británica. Luego de esta expedición el interés británico estaba en Asia, Norteamérica y el Caribe, tratando siempre de que los franceses no pudieran ingresar. 

Recién en 1806, bajo las órdenes de Robin Crauford, se envió una flota con cuatro mil hombres para tomar Valparaíso, cruzar los Andes y reunirse con las tropas que habían tomado Buenos Aires. Esto no sucedió dada la resistencia de la población de Buenos Aires, pero muestra el verdadero interés de tomar la región sur de América. Es el ya mencionado proyecto de Hakluyt. Al ser rechazados por segunda vez en el intento de invadir Buenos Aires, en 1833 toman las islas Malvinas y con ello logran poseer “la llave de todo el océano Pacífico”; según declaraciones del Almirantazgo. De esa forma podían dominar el paso por el estrecho de Magallanes, el Cabo de Hornos y la recalada para el último descubrimiento: las islas Shetland del Sur y la península Antártica con sus riquezas en lobos marinos y ballenas. Es de destacar que en las islas buscaban refugio los barcos loberos norteamericanos e ingleses desde 1770. Mientras tanto Luis Vernet, gobernador argentino de las islas, protestaba y trataba de expulsarlos. 

Inv. Nº 50 MMU. También del viaje de Lord Byron nos llega esta lámina (1778, publicada por A. Hoog y Hamilton Moore) de su encuentro con los patagones donde lo vemos junto a una mujer con su niño. Le obsequia a la mujer un un collar y una pulsera de cuentas. 

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