El informe de Schapenham y primer encuentro entre el Europeo y los Yaganes

 

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FLOTA NASAVICA Y YAGANES

Como consecuencia de la ruptura de relaciones entre España y los Países Bajos el Príncipe Mauricio de Nassau  trata de debilitar la economía de España, atacando sus colonias.

Para ello, en 1623,  manda una flota por el Paso Nuevo para tomar Perú y otras posesiones españolas.

Al mando del almirante Jaques L´Hermite llegan 11 naves a la actual Bahía de Nassau. Entre otras cosas hacen una  nueva cartografía de la región y por ejemplo descubren que el Cabo de Hornos en realidad es una isla  del actual grupo de las islas Hermite.

La expedición de L’Hermite también sostuvo el primer encuentro registrado entre europeos y los habitantes yaganes, el 22 de febrero de ese año de 1624. Este encuentro no resultó amistoso. Por el contrario, se resolvió al día siguiente con un ataque a un grupo de tripulantes holandeses que había tenido que pasar la noche en una playa. El asalto de los yaganes resultó en la muerte de 17 expedicionarios europeos, dado que los cautivos no volvieron a aparecer.

Este hecho le hizo ganar una fama nefasta al pueblo yagán. Circularon diversas versiones como que a los cautivos se los comieron y que estos indios eran peligrosos guerreros. Por mucho tiempo,  casi dos siglos, nadie quería recalar en la zona. Tan solo pasar lo más rápidamente posible.

Es así que quedaron aislados con cierta fama de peligrosos guerreros, agresivos, traicioneros y caníbales. Así se advertía en las cartas náuticas y derroteros (libros para pilotos y capitanes). Esto cambió con la expedición de Robert Fitz Roy. Aunque algunas expediciones pasaron por Bahía Nassaw, solo para protegerse de tormentas o refugio durante el invierno como James Cook y James Weddell (1822) que compró una canoa de corteza yagán. La cual la describe con el ojo de un excelente navegante. Así se hizo notar en las cartas náuticas que ayudaban a los náufragos.

Pero también gracias a esta expedición, por primera vez,  se deja por escrito en un libro una descripción pormenorizada de los yaganes realizada por el Vice Almirante Schapenham.  Fue al sur de la isla Navarino y con un clan rival de la isla Lennox. Describe vestimenta, habitación, embarcaciones, aspecto físico, pintura corporal, armas, religiosidad, sociedad, costumbres y las disputas sostenidas entre clanes, entre otros temas.

El Vice Almirante recorre durante 5 días (21 al 25 febrero de 1624) en una embarcación pequeña llamada “Windhond” el sur de Navarino que pensaba que era la Isla Grande de Tierra del Fuego al no conocer el Canal Beagle.

 El informe de Schapenham

Tiene algunas acotaciones en las que no estoy de acuerdo pero lo importante es salvar la parte principal.

Los Yámana (vulgo Yaghanes) vivían en los canales situados entre la Isla Grande de Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos. Eran los indígenas más australes del mundo. La mayoría de los antropólogos que los conocieron antes de su extinción, y de los arqueólogos e historiadores que los estudiaron después, coinciden en afirmar que la primera descripción de esta etnia y de sus costumbres, es la de Robert Fitz-Roy en 1830. Estos científicos no han tenido conocimiento del informe que presentamos aquí, debido al Vicealmirante holandés  Geen Huygen Schapenham, y anterior en 206 años al relato de Fitz-Roy. El informe Schapenham ha pasado casi desapercibido, quizás porque no ha sido publicado independientemente, sino como parte del diario de a bordo de la “Amsterdam”, nave capitana de la Flota Nasávica, editado en 1626 en Amsterdam. Dos versiones francesas del siglo XVIII tampoco parecen haber merecido la atención de los etnólogos. El único autor moderno que se acordó del informe de Schapenham es Martín Gusinde. En la introducción histórica de su obra maestra Die Yamana, copia sin comentarios la traducción alemana publicada en el libro atribuido erróneamente a Adolph Decker. En el presente trabajo, nos guiamos por el texto original en holandés arcaico, reeditado por el historiador Voorbeijtel Cannenburg en su excelente estudio sobre la Flota Nasávica.

 Descubrimiento de los Yámana

Desde la formación de la Unión de Utrecht en 1579 hasta el Tratado de Münster en 1648, los Países Bajos han luchado para liberarse de la dominación española. Como los gastos de los ejércitos peninsulares se pagaban con el oro y la plata del Perú, los holandeses decidieron apoderarse de esta colonia, y armaron con este fin la Flota Nasávica, compuesta de once naves de guerra. Esta Flota salió de Holanda en 1623 al mando del Almirante Jacques L’Hermite, y llegó al Cabo de Hornos en febrero de 1624. Para protegerse de las tormentas, buscaron refugio en la Bahía Nassau, entonces desconocida. El Vicealmirante Schapenham exploró la Bahía con el patache Windhond y descubrió las Islas Navarino y Lennox. Entró en contacto con los Yámana en la costa sur de Navarino. La descripición de esta tribu y des sus costumbres, que traducimos a continuación, es parte del informe de Schapenham al Almirante L’Hermite, según lo refiere el presunto autor del diario de la expedición, el cosmógrafo Jan Van Walbeek.

 Color de la piel

Empieza Schapenham afirmando que: “los habitantes de la Tierra del Fuego son, por naturaleza, blancos como los de Europa, tal es la apariencia de un niño que hemos visto”. El Vicealmirante dice: “Tierra del Fuego”, pero se trata de la costa sur de Navarino, el único lugar donde ha visto a indígenas en su exploración de la Bahía Nassau. Schapenham cree que Navarino es parte de la Isla Grande de Tierra del Fuego, pues el Canal Beagle no había sido descubierto todavía. Considera a los Yámana como de piel blanca, pero basa su opinión en el aspecto de un niño; los niños tienen siempre la piel más clara que los adultos. Sin embargo, Fitz-Roy, el primer observador que describió a los Yámana después Schapenham, da una información diferente “su tez es caoba muy viejo, o más bien algo entre cobre oscuro y bronce”. Gusinde dice que la piel de los Yámana es “blanca tirando a pardo o amarillo”.

 Pintura corporal

“Se embadurnan el cuerpo y lo pintan de muchas maneras: unos se adornan con pintura roja la cara, las piernas, los brazos, las manos otros llevan una mitad del cuerpo en rojo y la otra en blanco, de manera que cada uno está pintado de una manera particular”. La descripción de Fitz-Roy es más sencilla: “los individuos de ambos sexos se enaceitan o embadurnan con grasas y se estucan cara y cuerpo de rojo, negro o blanco”. En opinión de Joseph Emperaire, que ha pasado varios años con los fueguinos (10), “la pintura corporal… era más ritual que ornamental. Pero la significación de los colores, la disposición de los motivos, líneas y puntos negros, blancos o rojos, las circunstancias en las cuales se pintaban el cuerpo, serán para siempre desconocidas”. Gusinde dice que cada manera de pintarse la cara y el cuerpo tiene un significado particular y se utiliza con fines determinados. Ejemplifica e ilustra con dibujos estos usos en múltiples circunstancias. Mircille Guyot también el sentido de la pintura corporal de los Yámana.

 Figura y estatura

“Su figura es apuesta, sus miembros bien proporcionados, y su altura parecida a la de los europeos”.

Tampoco está de acuerdo Fitz-Roy sobre su figura, pues dice que los Yámana “son bajos de estatura, de aspecto desagradable y mal proporcionados… su talla varía de 1 metro 65 a 1 metro 45, pero sus torsos corresponden a hombres de 1 metro 80… El pasar tanto tiempo en wigwams bajos, o acurrucados en canoas pequeñas, perjudica el desarrollo de sus piernas y les hace moverse agachados, con las rodillas muy dobladas. Con todo, son ágiles y más bien robustos”. Gusinde escribe que “su figura es irregular y su aspecto miserable causa lástima” En el mismo sentido opinan otros observadores. Ricardo Latcham escribe que la talla media de los varones era de 1 metro 58 y la de las mujeres 1 metro 47; Rau los ve más pequeños aún: 1 metro 40 y 1 metro 20 respectivamente, y “con piernas torcidas”, Lucas Bridges les asigna 1 metro 62 y 1 metro 40. Estas estaturas son netamente inferiores a lo que un holandés podía considerar como una “altura parecida a la que los europeos”.

 Cabellos y dientes

“Tienen el cabello negro, lo llevan largo y tieso para parecer más terribles; sus dientes son filosos como cuchillos”. Fitz-Roy da mayores detalles: “el pajizo recubrimiento de sus feas cabezas es ralo y mugriento y les cuelga por las orejas y por casi todo el semblante. Por encima mismo de los ojos lo recortan con una concha quebrada… Las mujeres tienen un cabello más largo, menos áspero y por cierto más limpio que los hombres. Se lo peinan con una quijada de tonina, pero no se lo atan ni trenzan, tampoco se lo cortan, salvo por encima de los ojos”. Los dientes bien filosos son una característica común a todos los pueblos que comen carne cruda, como lo hacían los Yámana con la carne de ballena.

 Vestimenta

“Los hombres andan completamente desnudos, sin cubrir sus vergüenzas, pero las mujeres se tapan con un pedacito de cuero, se pintan como los hombres y se adornan el cuello con un collar de conchas. Algunos indígenas, pero pocos, se cubren los hombros con una piel de foca, que les da poca protección contra el frío, tan extremo en esta región, que es maravilla que puedan aguantar el invierno”. Fitz-Roy coincide con esta descripción. “A veces estos remedos de seres humanos llevan una piel de guanaco o de lobo marino echada a la espalda, y acaso cuelgo al frente una de pingüino o un trozo de cuero, pero con frecuencia nada llevan para conservar el calor ni ocultar su desnudez, excepto un parche de cuero alrededor de la cintura, atado al costado y por atrás… Las mujeres van algo más vestidas, se envuelven en una piel casi entera de guanaco o de foca y llevan generalmente un diminuto delantal”.  Es original la interpretación de Gusinde: “No llevan ropa ninguna para que el fuego pueda calentar directamente sus cuerpos”. En cuanto al frío, los holandeses están más de acuerdo con los españoles que con los exploradores ingleses del siglo XIX, que dijeron repetidas veces que el clima del archipiélago sud-fueguino es similar al de Escocia. La mínima absoluta registrada es de 12º C bajo cero, a nivel del mar.

Chozas cónicas

“Construyen sus chozas o casitas con troncos de árboles, redondas abajo, terminan en forma de punta, a manera de las tiendas de campaña, con una apertura en la parte más alta para dejar escapar el humo”. Fitz-Roy coincide con esta descripción: “El wigwam tekeenica (es decir la choza yámana), es de forma cónica, hecho de una cantidad de largos postes, árboles jóvenes colocados uno junto a otro, formando círculo y unidos por la extremidad delgada”. Altieri agrega “un grueso palo plantado en el medio”, la foto de la choza Yámana publicada en Argentina Austral XV Nº 155, pág. 16, muestra una vivienda netamente cónica. Annette Laming Emperaire ve las chozas “generalmente cónicas en vez de tener la forma de cúpula” porque las compara con las chozas más o menos hemisféricas de los Alak’aluf. Gusinde hace la distinción entre los Yámana orientales que usan la choza cónica y los occidentales que construyen la misma choza en cúpula que los Alak’aluf. Los de Navarino pertenecen por supuesto, a los orientales. Hyades describe la choza yámana como “ramas clavadas en tierra y unidades en su parte superior”. El grabado adjunto, que adornó la edición del diario de a bordo, da a la chozas la forma troncónica en la parte inferior y cónica en la superior. Es la interpretación, por el dibujante (que no participó del viaje), de la expresión “a manera de las tiendas de campaña”. En Europa occidental, las tiendas más simples tenían la forma cónica, mientras las más lujosas correspondían a las del grabado.

 Chozas semienterradas

“Estas chozas están asentadas en un pozo de dos a tres pies, cavado en el suelo, y recubiertas de tierra en su parte exterior”. La excavación que sirve de asentamiento a las chozas ha sido muy bien descripta por Bird, que se basó principalmente en los restos actuales de pequeños pozos rodeados de conchales (kiökken mödding anulares). Lucas Bridges confirma que estos conchales “con el correr del tiempo forman un cerco protector de más de dos metros de alto alrededor de la hondonada…; groselleros silvestres, calafates y otros arbustos arraigaban en ese montón de basuras y florecían profusamente”. Al lado de una fotografía tomada en Navarino, Annette Emperaire escribe: “las depresiones circulares han suscitado la hipótesis de chozas con base cavada” y anota: “para Bird, estas chozas semienterradas tendrían por fin proteger el fuego del viento, y serían originarias de la pampa”; advierte que algunas observaciones de Bird “nos dejan escéptica, como la choza cavada del segundo período, que quizás es una mera ilusión”. El concepto de semienterrada admite tres interpretaciones distintas: 1º la excavación en el suelo; 2º el recubrimiento de tierra sobre la pared exterior de la choza; 3º el pozo formado por la acumulación del kiökken mödding anular alrededor de la choza. El relato de Schapenham confirma los dos primeros conceptos. Fitz-Roy dice: “se recubre con matas de pasto o con corteza el costado expuesto a los vientos. Los Tekeenicas (Yámana) son los únicos fueguinos que construyen sus viviendas en esta forma. “Si Shapenham ha visto tales chozas, nos parece muy improbable que se deban a la influencia pampeana: en primer lugar porque en 1624 no podía ejercerse ninguna influencia pampeana en Navarino, y en segundo lugar porque no consta que las chozas semienterradas sean típicas de la pampa. Creemos que la “hipótesis” de Bird queda probada con el documento holandés, y que el “segundo período”, en la medida en que se caracteriza por la choza semienterrada, ha empezado antes de la visita de la Flota Nasávica.

 Cestería

“No se encuentran en ellas sino unas pocas canastillas de junco…”

Hasta su extinción en nuestro siglo, los Yámana no tuvieron otros “muebles” que las canastillas de junco trenzado que fabricaban las mujeres durante las largas jornadas de inacción, es decir cuando el mal tiempo no permitía pescar. Ellas usaban unas canastillas para gaurdar sus aperos de pesca, otras para sus objetos personales. Entre los Alak’aluf, que doblaban los juncos acercándolos al fuego, los Yámana deben haber utilizado una técnica parecida; según Altieri, ablandaban los juncos por masticación. Gusinde presenta hermosos dibujos de estas canastas hechas preferentemente con el junco Marsippospermum grandiflorum.

 Aperos de pesca

“… En las cuales guardan sus aperos de pesca: unas líneas con anzuelos de piedra ingeniosamente tallada, en los cuales cuelgan mejillones, pescan así tantos peces como quieren. “La pesca desde la playa estaba generalmente a cargo de los hombres armados de arpones, mientras las mujeres pescaban con líneas desde las canoas. Thomas Bridges líneas hechas con nervios de ballenas mientras su hijo Lucas habla de los sedales que las mujeres hacían con sus propios cabellos trenzados. Los autores más recientes destacan la pesca con el arpón de punta de hueso, simple o doble, manejado por los hombres.

Armas

“Tienen varios tipos de armas. Unos llevan arcos y flechas con punta de piedra en forma de arpón, hechas con mucho arte. Otros se arman de largas lanzas cuya punta es un hueso filoso provisto de dientes para clavarse mejor en las carnes. Utilizan también garrotes y hondas que manejan con mucha eficacia, así como cuchillos de piedra bien afilados”. La lanza y el arpón son elementos comunes a los Yámana y a los Alak’aluf. Se cree generalmente que el arco y las flechas fueron tomados de los Shelk’nam, si bien el arco yámana era más pequeño. El informe de Schapenham prueba que este préstamo es anterior al siglo XVII. Varios autores modernos consideran que la lanza y el arpón se usaban para matar peces, nutrias y focas, el arco y las hondas para cazar pájaros y los garrotes para las peleas individuales o intetribales. Según Weddell, la honda era el arma de tiro más utilizada. Fitz-Roy escribe que “el hombre, donde vaya, lleva siempre la honda suspendida del cuello o de la cintura”. Agrega que un hondanazo tiene mayor alcance que un tiro de mosquete. En febrero de 1624 los Yámana mataron a 17 holandeses “con palos, hondas y picas”, y Allen Gardiner en 1851 fue amenazado por Yámana armados de hondas, lo que indica que las hondas y lanzas eran también armas de guerra.

 Luchas internas

“Llevan permanentemente sus armas consigo, porque, según entendimos, están siempre en guerra con otro clan que vive unas millas al este, en el Paso Goree y cerca de la Isla Terhalten; éstos se pintan de negro, mientras los de las Bahías Windhond y Schapenham se pintan de colorado”. En nuestro trabajo el descubrimiento de la Bahía Nassau, hemos demostrado que la Isla Terhalten del informe de Schapenham, que ha conservado su nombre, está situada en la Península Hardy. Los Yámana eran “nómades del mar”, pero cada clan tenía un territorio más o menos reservado, en base a un derecho reconocido o a meras pretenciones o a relaciones de fuerza, por lo que los clanes vecinos estaban perpetuamente en estado de guerra latente. Thomas Bridges describió las hostilidades del clan Yámana de Puerto Hueso con el de Ushuaia: “un grupo se distinguía del otro por la peculiar pintura de la cara; (los de Puerto Hueso) la tenían cubierta de puntos blancos sobre un fondo negro; los otros, cruzada por rayas blancas sobre un fondo rojo”. Braun Menéndez resume así sus luchas: “a la tribu enemiga se la persigue y destruye a pedradas”.

 Canoas

“Sus canoas son dignas de admiración. Para construirlas, toman la corteza entera de un árbol grueso, la modelan recortando ciertas partes y volviendo a coserlas de manera que adquiera la forma de una góndola de Venecia. La trabajan con mucho arte, colocando la corteza sobre maderos, como se hace con los barcos en los astilleros de Holanda. Una vez obtenida la forma de góndola, refuerzan la canoa cubriendo el fondo de punta a punta con palos transversales, que recubren a su vez de corteza; luego cosen el conjunto. En estas canoas, que miden 10, 12, 14 o 16 pies de largo por 2 de ancho, se sientan cómodamente siete u ocho hombres, y navegan tan eficazmente como lo harían en una chalupa de remos”. Esta es quizás la mejor descripción de la construcción de las canoas yámana, después de la de Gusinde. Fitz-Roy se limita a escribir que “la canoa se construye con largos trozos de corteza, cosidos entre sí”. La corteza utilizada era la del coihue, llamado en yámana shushche (haya perenne = nothofagus betuloides). Las canoas, en forma de “media luna”, estaban cosidas con tiras de cuero de focas o con barbas de ballena. La canoa de corteza es propia de los Yámana. Los Alak’aluf usaban canoas de tablas, y los Shelk’nam no usaban ninguna. Schapenham dice que los hombres remaban, mientras muchos autores reservan este papel a las mujeres, tanto para la pesca como en las migraciones. El grabado holandés ilustra muy bien la construcción de canoas y su manejo con remos sueltos (pagayas). Ni Schapenham ni Fitz-Roy mencionan la costumbre de llevar el fuego a bordo confirmado por muchos autores.

 Inteligencia y salvajismo

“Por su naturaleza y su carácter, estos indígenas se parecen más a animales irracionales que a los seres humanos”. Schapenham había conocido a los indígenas de India y de Indonesia, cuyas culturas y civilizaciones estaban muy desarrolladas. En comparación con ellos, los Yámana merecían el calificativo de salvajes. Que con el intenso frío de la Bahía Nassau anduviesen desnudos, fue para los holandeses la prueba de su falta de inteligencia. Los viajeros de los siglos XVI y XVII confundían bajo el nombre de Patagones a los Tewelche, Selk’nam, Yámana  y Alak’aluf. Cavendish los consideraba “completamente salvajes, como animales salvajes”. Van Noort los menciona simpre bajo el nombre de “los salvajes”. Fitz-Roy también fue severo en su apreciación de los Yámana. Escribió que “el cabello… extremadamente sucio… exagera aún la expresión repelente de una facciones salvajes de la peor especie Thomas Bridges, que ha vivido muchos años con los Yámana, estima que “la tribu Yaghan es la más miserable agrupación de hombres sobre la tierra”, y Armando Braun Menéndez opina que “sepa preciso poseer un enorme caudal de amor al prójimo. Para sentirse atraído a corregir lo mejorar la vida miserable de los indios de canoa”. Joseph Emperaire, que ha vivido dos años con los Alak’aluf dice que “los fueguinos tanto yaganes como alacalufes, merecían ciertamente el titulo de salvajes que se les atribuía, no sólo por su aspecto, sino también por su conducta”. Lucas Bridges dice: “en el transcurso de veinte años, unos pocos misioneros transformaron a estos salvajes irresponsables en una comunidad respetuosa de la ley” porque consideraron “al indio como a un amigo inteligente y a un camarada de trabajo”.

 Antropofagia. “Aparte de que se alimentan de carne humana cruda…”

Juan Hilarión Lenzi atribuye el origen de la fama de antropofagia de los Yámana a Jemmy Button quien habría hecho “tragar un grueso anzuelo” a Carlos Darwin, que acompañaba la segunda expedición de Fitz-Roy. “Bastó eso para que la exactitud, la calumnia, el absurdo, dieran entonces la vuelta al mundo con su libro y otros que recogieron la falsa noticia”. E. Lucas Bridges, que se ha criado con los Yámana, en la misión de su padre, asegura que aún en casos de hambruna, ningún Yámana hubiese jamás comido carne humana, ni siquiera carne de animales como el zorro  o el buitre, que podían haber comido carne humana. Su padre afirma que “el canibalismo es absolutamente imposible entre los Yámana”. Sin embargo, Emperaire ha descubierto, en unos kökken mödding, señales que considera inconfundibles de antropofagia entre los antiguos Alak’aluf, primos hermanos de los Yámana. Bien antes de Darwin, los fueguinos y patagones están acusados de antropofagia por casi todos los viajeros de los siglos XVI y XVII incluso por el P. Sánchez Labrador en el siglo XVIII. Esta creencia proviene originariamente de la muerte de Solís, devorado por los Charrúa según afirman que se trataba de una antropofagia ritual, destinada a adquirir la fuerza y la habilidad de la víctima, y que, salvo en esta ceremonia, no era costumbre de los Charrúa comer carne humana. Los Charrúa entraban en el grupo “Patagones” lato sensu, y su fama se extendió incluso a los fueguinos. Cuando en 1600, dos holandeses de la Flota Van Noort fueron asesinados por los Alak’aluf en el Estrecho de Magallanes, los indígenas se llevaron sus cuerpos, y Van Noort no dudó que los iban a comer. Joseph Emperaire opina que “los dos marineros de Van Noort fueron probablemente comidos”.

Para colmo, mientras Schapenham exploraba con el patache la Bahía Nassau, 17 marineros del barco Arend de la Flota Nasávica fueron asesinados en la Península Hardy por los Yámana que se llevaron 12 de los cadáveres. Los holandeses quedaron convencidos que los indígenas los habían comido. Tal fue el relato que oyó Schapenham a su vuelta que la exploración por la bahía, y estos acontecimientos no podían dejar de influir en la apreciación que da de los Yámana en su informe. Fitz-Roy, a quien los Yámana no comieron ningún marinero, ha sido mucho más severo en su apreciación de los indígenas.

 Religión

“… Y de que no hemos notado en ellos el menor rasgo de religión…” En realidad, los Yámana tenían una vida espiritual rica y variada, pero no todos los autores la califican de la misma manera. Thomas Bridges afirma que “no reconocen un creador”. Para su hijo Lucas, “los Yaganes tenían gran respeto por la magia y la brujería y esas criaturas salvajes de los bosques llamadas Hanush y Cushpij los aterrorizaban”. Según Paulotti, “la vida mental de los Yámana se caracterizaba por el sorprendente desarrollo y complejidad de sus concepciones religiosas, tanto más inesperado cuando se pone un parangón con la simpleza ejemplar de su cultura material”. Martín Gusinde, apóstol de los Yámana, define su religión como monoteísta. Su dios Hidabaun es la fuente primera de todas las cosas y de todas las normas éticas que rigen la vida diaria de las familias.

 Cultura y organización

“… Ni de cultura carecen totalmente de pudor”.

Hemos traducido por cultura la palabra holandesa politie, que el comentarista explica en nota por beschaving, lo que corresponde al francés civilización y al alemán Kultur. La palabra politie tenía en el siglo XVII un sentido muy amplio, evocaba tanto los rasgos culturales de la polis griega por oposición a los bárbaros, como las moeurs policées de los estados civilizados. Puede interpretarse como cultura, civilización, organización social y hasta sistema político. Testigo de la cultura y amplitud de los medios de expresión de los Yámana es el diccionario yámana-inglés de Thomas Bridges pues sus 32.000 palabras constituyen un vocabulario más amplio, según los lexicólogos, que el que usaba Shakespeare. Lucas Bridges, que hablaba el yámana desde su primera infancia, dice que esta lengua es “infinitamente más expresiva que el inglés o el español”, habla de la “elocuencia característica de la largas arengas de los Yaganes” y relata unas leyendas yámana que demuestran imaginación y sensibilidad. El Padre Gusinde llega a proponer que los pedagogos cristianos tomen ejemplo de los Yámana en sus métodos de educación, pero después de vivir con ellos tantos años, reconoce que “carecen totalmente de cualquier especie de organización política”. Thomas Bridges afirma que “no tienen ningún jefe” y que “no pueden aguantar que se les dé órdenes”.

 Ignorancia de las armas europeas

“Entienden muy poco de las armas europeas, no conciben que se pueda herir con una espada, y mucho menos con un mosquete, toman la espada con sus manos tan pronto por la hoja como por la empuñadura”. Es esta la actitud normal de toda persona que no conoce el tipo de arma que se le muestra.

 Mentalidad y conducta

“Son a la vez malvados y engañadores…” Paulotti describe a los Yámana como “generosos y hospitalarios”.

Gusinde insiste en su sentimiento del deber hacia la comunidad y hace el elogio de la conciencia social de los Yámana.  Schapenham no ha convivido con los indígenas, y los juzga por su comportamiento en su primer contacto con los blancos.

 Xenofobia

“… Mostrando al principio mucha amistad para con los extranjeros, con la intención de atacarlo y asesinarle cuando se le presentare la oportunidad, como ocurrió con los 17 hombres de la nave Arend”. Esta apreciación se basa evidentemente en la trágica experiencia de los días anteriores. Por supuesto, es imposible saber si alguno de los marineros asesinados había tenido con los Yámana una actitud que éstos han podido interpretar como lesiva o amenazadora, o si los indígenas actuaron por el simple y quizás natural afán de robar o matar al extranjero, por pacífico que éste pareciera. En este mundo de conjeturas, recordemos que los marineros no iban armados, lo que hace improbable una provocación deliberada de su parte. Pero un malentendido es siempre posible. Por otra parte, el asesinato de los misioneros de Wulaia en 1859 da toda la razón a Schapenham, y Thomas Bridges, que siempre toma la defensa de los Yámana, reconoce que “eran pendencieros, mostrándose a la vez de carácter artero y traidor”.

 Conclusión

Es una suerte para la ciencia que el primer observador de los Yámana en 1624, sin ser un etnólogo, haya sido una persona muy culta y meticulosa, capaz de hacer de su breve visita un informe conciso y meduloso. La gira de Schapenham por la Bahía Nassau duró solamente cinco días, del 21 al 25 de febrero de 1624. Vio a los Yámana en la costa sur de Navarino. Su relato trae un panorama de casi todos los aspectos de la vida los indígenas. Hubo que esperar dos siglos, hasta la vigila de Fitz-Roy en 1830 para tener confirmación de una parte de estos datos, y otro siglo más hasta Gusinde para disponer de informaciones detalladas sobre la vida y las costumbres de este pueblo.

Fuente

Este estudio se publicó originalmente en francés en el Journal de la Societé des Américanistes (edición digital previa en Biblioteca Virtual de la página web del Museo del Fin del Mundo en Ushuaia, Tierra del Fuego, República Argentina).

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