ESTRECHO DE LE MAIRE

 

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Es un pasaje que separa Tierra del Fuego de la Isla de los Estados y tiene una separación mínima de 30.5 km. Para muchos es la verdadera línea divisoria de agua entre el Pacífico y el Atlántico Sur. Lo único que puedo decir que la fauna y flora marítima del Pacífico llega hasta Le Maire. Algo muy interesante dado que los mejillones del Beagle tienen más gusto a cholgas del Pacífico (por su alimentación) que los del Atlántico. O los erizos, las machas, etc. Muchos prefieren referirse que comunica el Mar Argentino con el Mar de la zona Austral o del Antártico. Todo cierto.

Por otra parte la corriente es del Oeste como así también los vientos y las tormentas que suelen pasar por el Drake entre el Cabo de Hornos y la Península Antártica (donde aflora nuevamente la Cordillera de los Andes). La parte más brava de mar y tormentas es la cercana al Cabo de Hornos. Por allí pasan las bajas presiones que chocan con la cordillera y descienden hacia el Drake que hace de embudo.

También es cierto que para los grandes veleros era la ruta para pasar el Cabo de Hornos, dado que la ausencia de motor les dificultaba el paso por el Estrecho de Magallanes. En si debían esquivar la Isla de los Estados salvo que necesitasen agua potable, madera o alimentos frescos y para ello iban al Cabo San Juan (extremo oriental de la isla). En Malvinas no hay bosques.

La boca norte del estrecho de Le Maire se extiende por 37,7 km entre el cabo San Diego —extremo oriental de la isla Grande de Tierra del Fuego— y el cabo San Antonio en la isla de los Estados. La boca sur se extiende por 43,6 km entre el cabo Buen Suceso en la isla Grande de Tierra del Fuego y el cabo San Bartolomé en la isla de los Estados.

Está señalado al sur por el faro Buen Suceso que se encuentra en la península Mitre y por el faro Le Maire en la isla de los Estados (desde 1926).  Hacia el norte, el faro San Diego. Existe un puesto militar de la Armada Argentina en la Bahía Buen Suceso para control de tráfico marítimo.

Nuestra experiencia en el estrecho de Le Maire con el velero “Callas” de Jorge Trabuchi

Al pasar frente a Puerto Williams y Puerto Almanza nos comunicamos por VHF con los amigos que suelen recalar en estos puertos en viajes al Cabo de Hornos o a los canales fueguinos. Es así como en pocos segundos nos pusimos a hablar con monos en pleno canal Beagle y a pesar de la baja temperatura, cosa que me hacía recordar con cierta añoranza otras latitudes. Por un lado primero escuchamos al “Mago II” del “Mono” Damilano, en realidad hablamos con Carolina que tiene una voz más dulce, y enseguida a Julio “Mono” Brunett, del “Croix St. Paul I”. Ambos estaban con turistas- navegantes y sus destinos era el Cabo de Hornos.

A medida que pasan las horas y la conversación gira de temas como el libro de Bruce Chatwin  (En la Patagonia), el cual no es muy apreciado en forma general por los que lo conocieron durante su paso por la región, el viento se mantiene del W/SW y el pronóstico advierte de una intensidad de los 22 a 25 nudos.

Así fue como el domingo amaneció con un día calmo, sol, ni una nube sobre el horizonte y hasta con una temperatura agradable: 4ºC. Los picos de los cerros estaban blancos producto de la nevadita de anoche y el otoño se hacía presente con el cambio del color del bosque. El casi uniforme verde grisáceo dejó paso a un rojo cobrizo, y en partes amarillo, de las lengas, mientras los guindos permanecen verdes durante todo el año. Para mi gusto esta es la estación del año con mayor colorido y creo que es la más estable meteorológicamente, con vientos no tan violentos  y con menos precipitaciones (de lo que sea) que en el verano.  Por otra parte el día casi se reparte a mitades con la oscuridad, cosa que en invierno llega a casi las 18 horas de noche contra el verano con 18 horas de luz. Es así como en verano todo bulle de actividad, con gran cantidad de turistas, corridas frenéticas y con cenas pasadas la medianoche para luego caer en un invierno muy inactivo ya casi un letargo, el cual invita al estudio y reflexión o huir rápidamente hacia otras latitudes siempre y cuando no se tenga un hijo en edad escolar.

Buen Suceso

La navegación por el canal fue placentera y bien turística. Nos dedicamos a “turistear” desviándonos a islas es islotes que tuvieran fauna para hacer fotografías y filmar. El viento cambiaba de intensidad de suave a moderado para luego bajar nuevamente durante todo el día. El atardecer nos fue tomando ya cerca de cabo Buen Suceso el cual indica el ingreso al temido estrecho de Le Maire.

1º encuentro con los “tide rips”

Una hora atrás habíamos establecido comunicación con un buque porta contenedores, el “Transmodal”, que con rumbo a Punta Arenas, vía estrecho de Magallanes para luego seguir hacia Buenos Aires, nos avisa que por lo menos tienen 4 nudos de corriente a favor dado que estaban navegando a 16 nudos. También nos advierten que encontraron el estrecho bastante movido. Con viento NW y corriente subiendo (del SW) los “tide rips” y el oleaje propio del estrecho pueden ser destructores para un velero de pequeñas dimensiones. Así es como siguiendo las indicaciones del derrotero y la propia experiencia nos mandamos bien pegados a la costa guiados por el radar, además de estar muy atentos para no llevarnos nada puesto. Según la carta en las inmediaciones del Cabo Buen Suceso la corriente no debería ser mayor a un nudo. El “Transmodal”, al darnos el informe, estaba en el eje del estrecho.

 

Los “tide rips” o escarceos de marea se dan en todas partes del mundo donde por un estrecho, con o sin cambio de profundidad brusca, pasa una corriente de marea apreciable. En la zona puede ser de 4 a 8 nudos si esto se combina con viento y marea. Si estas últimas dos son encontradas las olas estilo “Hawai” (verticales y con rompiente) pueden ser de varios metros de altura sin ninguna posibilidad de navegarlas (no son ondas). El resultado puede ser un soberano golpe con consecuencias nefastas: vuelta campana, rotura del barco, inundación del mismo, perdida del palo, con las consiguientes lastimaduras generales en  la tripulación. Para ejemplo vale la pena rescatar al Transporte Naval Cabo de Hornos que en una de las tormentas fuertes del SW y con corriente del NW recibió un golpe tan fuerte en la proa que le dejó una abolladura de 2 metros de profundidad. Es cierto que un buque navega de otra forma y en esos casos si no embiste la ola la puede pasar mal, pero de cualquier forma nos da una idea de cómo puede ponerse este pequeño estrecho de unas 20 millas de ancho, distancia  entre Tierra del Fuego e Isla de los Estados.

 

Por suerte hicimos una prolija y rápida navegación costera hacia la bahía de Buen Suceso con viento NW eso sería casi un sotavento. De cualquier forma debimos arriar mayor y mesana dado que solo con el foque  apoyado un poco con el motor hacíamos unos buenos 8 nudos, evidentemente la corriente nos ayudaba mucho.

 

Vale la pena aclarar dos aspectos sobre el tema: a) las velocidades que se mencionan a lo largo del relato está dada por diferencias en el GPS dado que de la corredera podría a llegar a ser cualquier cosa, b) el motor  en navegación nocturna, utilizando el radar y el resto del instrumental, lo llevamos casi siempre prendido por razones de consumo de baterías y en muchas oportunidades para acelerar un poco pasos o cruces de lugares algo complicados o que nos implicaría ir  tirando bordes entre canales con costas llenas de piedras e islotes.

 Buen Suceso

Ya cerca de medianoche vamos viendo la entrada a la bahía de  Buen Suceso que en realidad se nos hizo desear por demás. Sucede que al ir costeando, todo promontorio que aparecía en el radar lo tomábamos como entrada a la bahía, en realidad estaba  un poco más lejos de lo que suponíamos. En este segundo día de navegación la tripulación comenzó a conocerse un poco más. Para esta altura los cuentos de “Osito” eran infaltables y constantes. En algunos momentos y por más de media hora se escuchaba solo la voz de “Osito” en el cokpit. Los demás reían en abruptas carcajadas, se escuchaba un “no puede ser” o suelto por allí un “no basta”, pero lo cierto era que además de nuclear y levantar el ánimo hacía que las horas pasasen volando. Por supuesto que hubo tripulantes que le tuvieron que pedir permiso para hablar o poder contar algo sin interrupciones (las suyas desde luego) pero realmente fue el rey de la simpatía.

 

Pero ya a esta altura al “novato” del grupo lo habíamos ascendido de categoría. Resulta que este periplo no era el primero con un cameraman profesional integrando la tripulación; ya en otras oportunidades los hubo y varias veces fueron verdaderos plomos. Dada esta situación con Jorge nos dijimos: “Mientras que no se vaya al agua, vomite lo necesario y filme lo que le vamos indicando, hay que aguantarlo”. Pero demostró, en especial esta última parte de la noche, que se las arreglaba muy bien con el timón y le gustaba el tema de la vela. Por otra parte era tranquilo, con la cámara molestaba lo necesario, no jorobaba cada 5 minutos que tenía que cargar baterías y a la cámara la cuidaba pero no exageraba con operaciones insólitas o lugares sofisticados para guardarla. Recién recibido de ingeniero, estaba con ganas de volver a su Bariloche nativo dado que la vida en la “city” lo ahogaba como persona, además de querer compartir un tiempo más largo con su familia. Entre nosotros nos miramos y asombrados vimos que no se trataba de un producto clásico “porteño”, que no necesitaba dosis constantes de smog y a los “Ratones Paranoicos” todo el tiempo; por momentos daba la sensación que casi pensaba como nosotros, Gabriel ya había sumado un montón de puntos a su favor y en especial hacia el grupo; gracias Diego Dangelo por la elección.

En espera para el cruce.

Ya casi arribando vemos las luces del destacamento naval de Buen Suceso y preparamos la maniobra de amarre al boyón. El viento del NW se encajona en este cañadón y se convierte del oeste; esto hace que el barco que de perpendicular a la costa. Si bien el lugar es un buen tenedero preferimos tomar la boya que utilizan las lanchas rápidas y los avisos. Existen 2 pero esta situación es cambiante dado que a veces lo sacan por mantenimiento, otras veces se hunden o se cortan y otras veces no se reemplazan como el de San Juan de Salvamento o el de Bahía Crossley.

 

Para la maniobra me coloco el traje de agua seco “Musto” que en caso de un chapuzón involuntario su capacidad boyante convertiría el accidente en algo sin mayores consecuencias. Sucede que estas boyas son visitadas por aves y lobos que las convierten en excelentes guaneras, y las patinadas son frecuentes. Con 2 cabos ida y vuelta dejamos lista la maniobra para zarpar sin tener que bajar nuevamente al boyón. Nos comunicamos por radio con el destacamento y luego de identificarnos quedamos en que al día siguiente los íbamos a visitar.

 

Mientras se preparaba la cena nos comunicamos con Rubén Garea, un radio aficionado de Ushuaia, que se encargaba de mantenernos informados con las novedades familiares y a su vez avisaba donde estábamos. Esas comunicaciones se mantenían 2 veces por día: a las 9 de la mañana y a las 20hs. Aníbal se encargaba de hablar con la Prefectura de Ushuaia a la cual le pedía el parte meteorológico del cual tanto dependíamos.

Algo de historia

En la dinette alguien sacó un libro y comenzó a leer en voz alta:  “ … conocida  como “cowut” (almeja) por los indígenas de la zona , la bahía de Buen Suceso lleva su nombre por la nave capitana de la expedición de los hermanos Nodal que en l6l9 circunnavegaron por primera vez la isla Grande de Tierra del Fuego. Lo hicieron con las carabelas Nuestra Señora del Buen Suceso y Nuestra Señora de Atocha , esta ultima paso a la fama cuando , hace poco tiempo atrás , fue hallada en el fondo del mar Caribe con una carga de oro y plata.

 

El 22 de Enero de l6l9 se refugiaron en la bahía cuando el estrecho de Le Maire, conocido en aquel entonces como estrecho Nuevo, los castigo con sus acostumbradas corrientes de marea y furiosos vientos.

 

El nombre de Le Maire fue puesto cuando los primeros expedicionarios pasarón por él creyendo que era el paso con el “Mar del Zur” (Pacífico. En búsqueda de un nuevo paso para no utilizar el Estrecho de Magallanes que era reservado por la Compañia de las Indias Orientales, una expedición que zarpó de Hoorn, al mando de Schouten y Le Maire pasa por él en enero de 1616 con el “Enderatch”. El otro buque, el “Hoorn”, lo pierden en Puerto Desire (Deseado) cuando lo estaban carenando y se les prende fuego, este trabajo se hacía con alquitrán y lógicamente fuego para darle plasticidad. Continuaron hacia el sur y ven un promontorio que suponen el extremo sur de América y lo bautizan “Cap Hoorn” (en honor del puerto que los vira zarpar), luego pasó a Cape Horn y Cabo de Hornos. La historia de estos descubridores no finaliza bien dado que los holandeses no les creen que descubrieron un nuevo paso y terminan presos.

Para los yaganes  era “Chuanisin”  la tierra de la abundancia, creo que más que nada era como le sucede a cualquier hombre, la ve relativamente cerca y le da ganas de conocerla. Para los Selknam evoca la muralla de una inmensa y misteriosa fortaleza” que defendería el acceso a la región Este, o Wintek, donde reside el poder universal. La isla era llamada K’oin-harri (Cordillera de las Raíces) y era concebida como la raíz del mundo. ​

Presencia argentina

Aunque visitada asiduamente, solo existió un asentamiento con carácter permanente, previo al actual, por parte de la prefectura naval. En l887 se comenzaron las construcciones de la precaria subprefectura que estuvo a cargo del prefecto Luis Fique. Vivió en el lugar tres años, acompañado por su esposa, cuatro marineros, indios y las sucesivas visitas de los náufragos a quienes debían atender; luego la subprefectura fue trasladada a Bahía Thetis, próxima a cabo San Diego para prestar mejor apoyo a las embarcaciones.  Para darnos un poco la idea de lo que fue vivir en el lugar pensemos que los alimentos llegaban por vía marítima y no siempre a tiempo. Hubo por lo menos un marinero que murió de hambre  y en más de una oportunidad Fique tuvo que despachar a los indios para que se procuraran alimentos como pudieran. Incluso se debía racionar los mismos cuando  aparecían náufragos que eran alojados hasta que alguna nave los evacuaba. Esto sumado a los conflictos con los indios, en especial con el famoso cacique Capelo que había amenazado    raptar a la esposa de Fique en represalia de la desaparición de su mujer que termino con la muerte del indio, nos habla a las claras de lo inhóspito de la zona.

 

Cerca del arroyo, en el extremo sur de la bahía, se pueden ver paredes de lo que aparentemente fueron los cimientos de la subprefectura. Hoy, una placa colocada por sus descendientes en el ano l982, recuerda la acción de Fique .

 

En la desembocadura de este arroyo es posible ver la roda de un barco, se trata del naufragio del cúter Patagones  de la escuadra de Augusto Lasserre.

 

La cena fue muy tranquila, al igual que el amarre. Si bien se oía silbar el viento en la jarcia, la tranquilidad era absoluta y realmente creo que no existe mejor noche que la que uno puede pasar amarrado a un muelle o en un seguro bollón.

 

Mentalmente ya nos estábamos preparando para cruzar el temido estrecho de “Le Maire” . En cierta forma acabábamos de cumplir la etapa del viaje por casi todos nosotros muy frecuentada. Ahora comenzaba un poco más lo desconocido. Para 5 integrantes de la tripulación iba a ser su cruce de bautismo. Para los dos que ya lo habíamos cruzado se trataba de un verdadero desafío al hacerlo con un velero y no en un buque.

El “Le Maire”

Por la mañana temprano y luego de las comunicaciones radiales comenzamos a estudiar la táctica a seguir para el cruce del estrecho. Las condiciones climáticas del lugar no podían ser mejores: viento calmo, despejado y sin perspectivas de cambio. Si a eso le agregamos que cerca de la medianoche el viento había calmado casi totalmente era de esperar un cruce tranquilo. Lo único que nos demoraba era que la corriente bajaba hasta casi el mediodía y nosotros debíamos navegar con dirección noreste. Esto significaba que podíamos bajar a tierra y pasear un rato. Pero reflexionando un poco decidimos comenzar de inmediato el cruce. Sucede que al haber tan buen tiempo podíamos intentar posicionarnos lo mas al centro del estrecho para que cuando comience a crecer la corriente nos arrastre rápidamente hacia el norte y en la margen opuesta  a la que estábamos en este momento. Así es que después de una breve despedida al destacamento, cobramos los cabos de amarre y a intentar un cruce sin sobre saltos.

 

Por supuesto que sucedió lo que tenía que suceder: la primer media hora de navegación nos mostró un avance solo de 1,5 millas y una caída al sur de casi una milla y eso que habíamos puesto rumbo al este. Decidimos hacer una corrección algo extrema: pusimos proa al N NE y avanzamos a 5 nudos según la corredera y a 1,5 nudos según el GPS. Cada media hora Daniel marcaba la posición en la carta y casi puedo decir que fue un desafío personal dado que no largué la rueda hasta que fondeamos en Bahía Crossley. Cada metro que avanzábamos era una proeza. Me daba la sensación como si alguien nos estuviera sujetando, como si un monstruo marino nos hubiese rodeado con sus tentáculos y no nos dejara ir. Era como ir arrancándole de las fauces de un dragón a su presa. Por otra parte la corriente se dejaba notar: grandes superficies de mar, de unos 20 metros de diámetro, aparecían acá y allá con inmensos remolinos y remansos; había lugares donde el agua se movía como si a pocos metros de la superficie hubiese rocas; pero por suerte el fondo estaba entre 40 a 80 metros de profundidad. Solo había algunas ondas del sur, de un par de metros de altura que se arbolaban un poco al sufrir los efectos de la corriente del norte. Al agarrarnos del través nos zarandeaba con todo y si a eso le sumamos el poco viento la falta de velas nos hacía rolar mas. Hicimos el trayecto siempre con el foque izado, más que no sea para decir que teníamos una vela puesta. Poco después de la mitad del recorrido se levantó viento y en una prolija maniobra logramos que la driza del mesana subiera limpiamente al tope pero, cuidado con el detalle, sin la vela. Aunque la maniobra fue en equipo “Osito” se llevó los mayores insultos, todavía no cree que tuvo algo que ver. Lamentablemente en la mesana no había otra driza y comenzamos a estudiar la forma de bajarla pero en ese momento nadie se animó a subir con el barco en movimiento; la tarea quedó para un lugar algo más sereno.

 

En sí podemos decir que era un Le Maire tranquilo o casi diríamos un Le Maire dormido; era deseable que no se despertara por un buen rato, por lo menos hasta que estuviéramos del otro lado.

 

Resumiendo: habíamos partido a las 9,30 y siendo las 11,30 a gatas podíamos mantener la latitud y estábamos a solo 4 millas de donde habíamos zarpado. La corriente debía cambiar a las 11 pero recién a las 13,30 comenzamos a sentir sus efectos. En media hora caminamos 4 millas en rumbo directo a Bahía Crossley. La siguiente hora fue de unas 8 millas navegadas y ante la tranquilidad reinante decidimos mandarnos bien por el medio de la zona marcada con escarceos, cerca de cabo Setabense, y buscar directamente el faro Le Maire a la entrada de Bahía Crossley. Salvo alguna que otra ola desordenada que nos cacheteó un par de veces no sufrimos ningún otro inconveniente y entramos a la bahía a las 15 horas después de 6 horas de navegación para hacer 20 millas de las cuales 16 las hicimos en las últimas 2 horas. Ahora solo rogábamos que el regreso nos tratara de igual forma.

Bahía Crossley

Esta iba ser la primer bahía a ser inspeccionada. Nos acercamos bastante a los islotes Los Siete Gonzalez para ver un poco más de cerca al buque embarrancado que hay en el lugar, pero la proa que en el 89 era tan sugestiva ahora solo queda una serie de fierros retorcidos solo visibles en baja mar. Ignoramos de qué buque se trata pero realmente no nos interesaba en demasía.

 

El cielo se había ido nublando paulatinamente con una gran masa de nubes que en una especie de frente compacto había avanzado desde el sur. Pero dentro de todo no estaba tan mal y si el viento venía del sur podíamos quedarnos en Bahía Crossley sin mayores problemas. Este es un buen fondeadero mientras no sople del norte, cosa bastante común, porque la marejada entra con todo. Después de fondear y preparar un rápido almuerzo, hicimos dos viajes de desembarque con el bote. Buscamos una restinga para no vernos alcanzados con la rompiente pero fue lo mismo que nada: logramos  meter 3 olitas adentro del bote sin mayores problemas. La temperatura del agua en realidad no es el mayor inconveniente en estos desembarques dado que la misma oscila entre los 8 y los 11 grados, pero si los equipos electrónicos y ni que hablar de una cámara de vídeo ultra cara. Tranquilo Gabriel comenta: “Sí, se mojó pero ya va a funcionar.” Dada la experiencia, el segundo desembarque fue más exitoso.

Presencia humana en Crossley

En Bahía Crossley no encontramos mucho más de lo que ya habíamos visto en visitas anteriores. Salvo el total abandono de la baliza, que no funciona, podemos agregar la ausencia del boyón y que la playa estaba llena de tergopol. Es increíble comprobar como una isla prácticamente deshabitada, salvo por el Destacamento Naval de Puerto Parry, pueda tener tan alto grado de desperdicios en sus costas. El tergopol de las “fábricas” (pseudo armaderos) de Río Grande llegan impulsados por el viento, el resto son boyas y trozos de redes de pescadores y demás implementos de plástico utilizados en los buques. Lo más lamentable es comprobar la cantidad de botellas  de gaseosas que con su correspondiente tapa han flotado hasta tocar costa.

 

Pero volviendo a los otros restos, solo encontramos el refugio que utilizaran los científicos del CADIC y del Museo en anteriores expediciones y las pruebas de que fue recientemente utilizado por alguien dado los restos de comida y el fogón realizado.

 

El viento se ha encargado de volver a tapar las excavaciones arqueológicas realizadas por Victoria Horowitz y los pozos de Anne Chapman, que demostraron la visita del pueblo Yamana por estos lugares. A veces parece imposible que, en lo que el europeo llamó “frágiles canoas”, estos hombres hayan podido desafiar al “Le Maire”. Por supuesto que ellos tenían todo el tiempo del mundo y si bien eran primitivos, viviendo casi en el estado de la edad de la piedra, no significa que fueran tontos y no fueran buenos marinos. El cruce lo pudieron haber realizado en la misma cantidad de horas que nosotros pero me llama la atención como pudieron sortear el oleaje, aunque bien pegados a la costa este casi no existe. Pero otra cosa también llama la atención: si bien cruzaron hasta la isla no es posible encontrar los grandes basurales (concheros) que caracterizan los lugares que ocuparon en la isla de Tierra del Fuego. ¿Habrá sido una ocupación breve?, ¿Cual fue el motivo? En su lengua llamaban a la isla con el nombre de “Chuanisín”, que significa la “tierra de la abundancia”. Es muy probable que como todo marino, la curiosidad y el pensar que del otro lado siempre esta lo mejor lo hayan inducido a cruzar y volver rápidamente al comprobar que la realidad no condecía con la fantasía. También cabe la pregunta ¿Cuantos lo lograron en los 6000 años que,  según cálculos, habitaron Tierra del Fuego? Lo cierto que en este momento no existen arboles con desarrollo suficiente para poder descortezar y armar una canoa del tamaño necesario como para cruzar el estrecho. Aunque sí para realizar reparaciones de cierta importancia. Si consideramos que la canoa debía ser repuesta por lo menos una vez al año, es difícil pensar en una ocupación prolongada. Esto no significa que antes hayan existido árboles con su correspondiente desarrollo?

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