JANGADA DE BAHIA

 

 

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En la nota grande sobre las jangadas de Brasil, su historia y la actualidad está en detalle la explicación. En este grupito de fotos desteñidas por el tiempo esta la jangada con la que salimos a navegar en tres ocasiones. No abundo en detalles dado que lo pueden encontrar en la otra nota.

La pesca con línea

En distintas oportunidades tuve la suerte de salir con los jangadeiros a pescar.

Nunca me voy a olvidar la primera vez, realmente fueron varios los problemas que ocasione, con mi voluntad de ayudar en las maniobras. Sobre todo por el escaso lugar para moverme, la  falta de practica en el uso de la vela latina y el movimiento de la jangada, que es muy diferente al de un velero, ya que es muy inestable.

Conocí tres modalidades de pesca. Una vez salimos por la tarde para recién regresar al mediodía siguiente, pasando toda la noche, mar adentro, pescando. Fuimos con una jangada bastante pequeña, estando la tripulación compuesta por Bernardo y Yo. La zarpada fue con poca emoción porque para pasar la rompiente me obligaron a que me siente sobre  el banco y, entre Bernardo y un ayudante, hicieron que la jangada pase las olas sin que las olas la puedan afectar. Luego subió Bernardo y con el viento de tierra, que soplaba a unos 10 nudos, nos fuimos alejando durante un par de horas. En un momento dado, Bernardo adujo la vela y despliego 5 líneas de pesca, mientras tanto la corriente nos llevaba lentamente.

Al poco rato éramos una docena de jangadas, algunas de ellas grandes, con cuatros tripulantes… Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que la intención era la pesca del cazón, aunque todos saben que es  inofensivo no creo que nadie tenga la certeza de que se trata de cazones y no de tiburones. Ver la alegría que les producía cuando aparecía alguna aleta, mientras se preparaban con palos para matarlos a golpes, a mi me dejaban helado y solo pensando cuando llegaría el momento de regresar.

Mi temor que al principio se limitaba a las cámaras fotográficas, paso rápidamente a mi persona. Pasó así toda la noche, vigilando las líneas de pesca que nos brindaron 4 excelentes peces, 3 sardas y un pez limón. Pero con el sol llegaron más problemas porque Bernardo es de los pescadores que están acostumbrados a salir al mar a sin comida y sin agua potable. Esperar a que el viento sople nuevamente hacia tierra y el tiempo de navegación bajo el ardiente sol del norte de Brasil se encargo del resto. Mi experiencia termino con un principio de insolación y deshidratado debiendo pasar un par de días haciendo reposo.

La segunda vez fue una de las comunes salidas diurnas, la cual comienza a la madrugada  para finalizar, cuando cambia el viento, después del mediodía.

En esta oportunidad no lleve cámaras fotográficas pero si me cerciore que llevaran agua. Además me prepare un buen sombrero, pantalón y camisa para una mayor protección del sol. Tal cual lo hacen ellos.

Salimos cerca de las 5.30 con varias jangadas más, pero a diferencia de la vez anterior, cada uno tomo rumbos distintos. En total éramos cuatro tripulantes y a decir verdad, me hicieron trabajar bastante. Me dieron tres líneas, una en cada mano y la otra la ate a un madero. Cosa que no le gusto mucho a “Bernardo”; sostenía que se podía cortar como luego sucedió.

En el banco de proa llevábamos colgadas dos calabazas con agua, otra con ‘farofa’  (harina de mandioca molida gruesa), líneas de pesca, cabos y un par de canastos.

A medida que sacábamos pescados, los colocábamos en un gran canasto llamado “sambura”, previa marca que cada uno le hacía para poder reconocerlos. Jao los marcaba en el espinazo, Elbo en la cabeza, Bernardo no los marcaba y los míos iban para Bernardo   que era el dueño de la jangada.

Según lo que me contaban pude establecer que la media por mes es de 400 kg. , a veces sacan hasta 50 kg. por salida. Los peces más grandes se atan en el centro de la jangada.

Los nombres de los peces que pude entender son:’ pirapiranga, guaiuba, dentao, cioba, garoupa, xira y sirigado ‘, entre otros.

El regreso esta vez fue un tanto diferente, ya que una vez guardados los elementos de pesca comimos ‘farofa’ y para bajarla gran cantidad de agua.

Saque de un sobre hermético los cigarrillos, todos fumamos con gran tranquilidad mientras me preguntaban la modalidad de pesca en la Argentina, extrañándose que no existiera jangadas. Elbo aconsejo a los demás en no pensar de ir a vivir a la Argentina, no sabrían que hacer sin jangadas.

Bernardo estaba contento porque capture 9 piezas (no muy grandes) y tan  solo perdí una vieja línea. En forma de gratitud me invito a cenar en su ‘barraca’.

Volvimos a tierra rápidamente con un buen viento del N.E. que nos daba por la aleta. Para pasar la rompiente soltó la vela a último momento para disminuir el impacto y ayudándose con los remos, la mantuvieron perpendicular a las olas.

Durante la cena, en la cual comimos algo llamado ‘Caruru’, similar a un extraño guiso de verduras y un excelente ‘acaraje’ (albóndigas fritas de camarón con porotos) me invito a salir nuevamente al día siguiente.

 

Pesca con red y trampas

Esta salida fue la más breve y a su vez la más divertida, ya que fuimos a los arrecifes a pescar con red. Esta tiene piedras que la mantienen en el fondo y en el borde superior flotadores. Un extremo se ata a la jangada y con otra auxiliar, más pequeña, se describe un gran  círculo. Luego se trae todo el conjunto a la principal y se iza a bordo.

Esta operación la repetimos cinco veces, aunque no siempre salía de la misma forma debiendo bucear para desenganchar la red en tres ocasiones. La pesca fue abundante y muy variada.

El mar bullía cuando rompía contra los arrecifes formándose gran cantidad de espuma. La jangada desaparecía debajo de esta al cruzarlos, quedando solo los bancos y la vela fuera del agua.

También me explicaron que la pesca entre los arrecifes se daba con abundancia solo en ciertos días donde factores como corriente, viento, sol y temperatura se conjugan.

Simultáneamente  a nuestra pesca vimos como otras jangadas se encargaban de revisar trampas para langostas o cangrejos. Sea renovando carnadas o cambiándolas de sitio.

Luego de cuatro horas regresamos con un mar algo agitado. Las olas que se nos acercaban por la popa, nos pasaban reventando contra la jangada bañándonos. Cada tanto barrenábamos alguna con bastante temor de que se cruce, con el consiguiente peligro de tumbar y perder la pesca. Pero todo termino bien y causamos un sin número de comentarios por parte de los otros pescadores, al regresar con semejante botín.

Luego de retirada del agua y colocada sobre rodillos de troncos, la alejamos de la rompiente dejándola con la vela extendida para que se seque.

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