JANGADAS

 

 

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Regreso  de la pesca en un día como otros.

“No se ven casi nubes, el cielo es de un azul limpio, el sol hace sentir la hora, son casi las tres de la tarde. A partir de ahora comenzaran a llegar las jangadas con su cosecha diaria. En la playa solo quedan los troncos que utilizan para hacerlas rodar, ya salieron todas. Hacía tres días que no podían salir, debido a un temporal que azoto la zona. A lo lejos ya se ven venir las primeras velas. Los compañeros que quedaron en la playa se preparan para ayudar.

La primera se acerca rápidamente. Sus dos tripulantes, con grandes sombreros de paja vienen equilibrándola uno de cada lado. Van pasando las olas con viento en popa, hasta que una de ellas la desestabiliza. Comienza una lenta tumbada, saltan rápidamente, y la gente que estaba mirando corre a ayudar.

Vuelven a parar la jangada, la vela esta rifada y se perdió parte de la pesca. El espectáculo es triste, pero no demuestran que les afecte mucho. Parecen estar acostumbrados.

De los presentes, algunos tratan de recuperar los pescados, otros dan una mano para sacarla fuera del agua y mediante los rodillos llevarla a un lugar seguro.

Continúan con la rutina idéntica a los otros pescadores. Entregan la poca pesca remanente para que sea llevada al mercado si es que no se vende directamente en la misma playa…”.

 

Reseña histórica.

Se las puede encontrar con leves variantes en cada sitio, desde el sur de Ilheus, en el estado de Bahía al norte de Fortaleza, prácticamente en toda la región llamada nordeste brasileño.

Se piensa que proceden del Perú, traídas por los indios que descendiendo por el ‘Amazonas’ llegaron a la costa. En el Perú existía una especia de jandada, llamada balsa (amaldia). Su nombre proviene de la madera que usaban. Las más grandes tenían cinco orzas en la popa y en la proa llamadas guares y una cabaña en el centro. Thor Heyerdahl construyo una balsa de ese tipo, la famosa ‘Kon- Tiki’, con la cual comenzó a demostrar teorías migratorias por el Pacifico que hicieron cambiar las mentes de los  antropólogos que no navegan.

Se tiene noticias que en el Pacifico fue utilizada, antes de la llegada de los españoles, para navegar entre Guayaquil, Tumbez, Puna, además de todos los puertos que en ese entonces había sobre la costa.

Los  portugueses al arribar a la costa brasileña, en el siglo XV, vieron como los aborígenes utilizaban para pescar unas balsas hechas con troncos. Se impulsaban con largas varas y  ‘no tenían vela’. Pescaban en las lagunas o cerca de la costa  en los remansos naturales formados por los arrecifes que bordean paralelamente la costa.

Valiéndose de un arpón capturaban a los peces y recolectaban crustáceos y cangrejos.

Las bautizaron jangadas debido a que ya habían visto, en las Indias,  embarcaciones  similares a las que se les llamaba “Jangas”.

Con el tiempo al estar la costa más poblada, la pesca costera fue mermando, obligando  a estos pescadores a alejarse de la playa. Se piensa que en ese momento, y adaptando los conocimientos del europeo, comenzaron a usar una vela latina e incluso algunas jangadas llegaron a tener dos palos. También fue necesario adoptar una orza  para no irse de ronza. Según los estudiosos opinan que fue traída de Perú, ya que en esa zona se utilizaba desde hacía mucho tiempo. Otros opinan que fue introducida por los europeos.

A medida que su uso fue mas maritimo fue cambiando la construcción haciéndose más grande y buscando mayor estabilidad.

No solo fueron utilizadas para la pesca sino que incluso durante el siglo pasado fueron vistas algunas con techo de paja, a media agua, y dedicadas al  transporte de pasajeros y carga.

 

  Construcción

En un comienzo  el casco, de una eslora de 5 a 6 mts. Estaba construido con 5 y a veces 6 palos de ‘Apeiba Tibourbon’ conocido como palo de jangada o ‘Mulungu’.

En la actualidad no es tan común ver jangadas de  troncos y, según la zona, las de tablas desplazo a la de troncos. De cualquier forma son muchos los lugares donde el tronco se sigue utilizando aunque no todos las hacen de la misma madera ya que su costo dificulta su uso. Como el ‘Mulungu’ o palo de jangada, muy liviano, proviene del sur del estado de Bahía, es más frecuente ver en el norte a las jangadas realizadas en tablas.

Hasta hace poco tiempo atrás, los jangadeiros  solían ir con sus viejas balsas hasta Itarara, donde se consigue la madera a buen precio. Abandonan la vieja y construían una nueva. Por lo general volvían navegando trayendo a remolque otra jangada y palos para una tercera.

Las más grandes, de 6 palos, tienen los 2 palos del medio   con más punta en  la proa que en la popa. Estos van atados entre si y unidos con clavijas de madera. Los palos de ambos bordes quedan más levantados que los otros.

La vida útil de una jangada es de 1,5 a 2 años.

Para el mástil utilizan, cuando pueden, la madera de ‘gororoba’, la cual es muy flexible y aguanta bien cuando el viento refresca. Usan una vela latina con pie suelto y hay referencias de jangadas con dos palos. Estas tenían una vela al tercio en el palo mayor y la driza servía de stay. En la popa establecían una vela latina pequeña.

El palo está sujeto por el banco de proa, donde también esta la orza. Esta pasa por un corte efectuado en uno de los palos  y a veces el banco actúa como caja de orza, de no ser así simplemente está sujeta a un cabo para que no se pierda. La orza calza muy justa para poder regularla a diferentes alturas, según la condición de navegación; algunos utilizan cunas de madera para fijarla.

Hacia popa hay un segundo banco utilizado por el timonel, este gobierna mediante un remo, de unos 3 m de largo, calzado en la popa entre dos palos.

No siempre lo coloca en el mismo lugar; cuando va ciñendo ubica el remo entre el palo de la banda y el siguiente, siempre  a barlovento así, al mismo tiempo, va adrizando. Con viento en popa pone el remo en el medio.

En algunas jangadas se ven unos cabos que penden del palo y son utilizados para adrizarlas con vientos fuertes. He visto que llevan piedras grandes para colocarlas del lado de barlovento a modo de contrapeso, pero son todas situaciones que realmente yo no tuve la oportunidad de observar  personalmente. Me fueron relatadas por Bernardo, con el cual salí a navegar  en más de una oportunidad.

A modo de fondeo utilizan una roca ligada con cabos. Los menos usan un ancla, llamada ‘poita’. Está formada por dos maderas rígidas, fijadas en cruz,  y sus puntas terminan en forma de una. En estas unas clavan 4 clavijas de madera flexible, atadas en la parte superior, que encierran una piedra la cual le otorga peso al conjunto.

La madera del palo de jangada es muy   porosa, cargándose de agua. Si al partir flotaban  la mitad sumergidos, luego de un par de días están al ras del agua, perdiendo gran parte de sus condiciones marineras.

Es importante la  tarea de dejar la balsa sobre rodillos, y muchos las colocan de canto, ya que  necesitan secarse. Es evidente que el agua de mar los va atacando y la sal reduce notablemente su vida útil. Al cabo de dos años los cascos están tan frágiles que se debe tener cuidado hasta en su manipulación.

La Pesca con líneas

En distintas oportunidades tuve la suerte de salir con los jangadeiros a pescar.

Nunca me voy a olvidar la primera vez, realmente fueron varios los problemas que ocasione, con mi voluntad de ayudar en las maniobras. Sobre todo por el escaso lugar para moverme, la  falta de practica en el uso de la vela latina y el movimiento de la jangada, que es muy diferente al de un velero, ya que es muy inestable.

Conocí tres modalidades de pesca. Una vez salimos por la tarde para recién regresar al mediodía siguiente, pasando toda la noche, mar adentro, pescando. Fuimos con una jangada bastante pequeña, estando la tripulación compuesta por Bernardo y Yo. La zarpada fue con poca emoción porque para pasar la rompiente me obligaron a que me siente sobre  el banco y, entre Bernardo y un ayudante, hicieron que la jangada pase las olas sin que las olas la puedan afectar. Luego subió Bernardo y con el viento de tierra, que soplaba a unos 10 nudos, nos fuimos alejando durante un par de horas. En un momento dado, Bernardo adujo la vela y despliego 5 líneas de pesca, mientras tanto la corriente nos llevaba lentamente.

Al poco rato éramos una docena de jangadas, algunas de ellas grandes, con cuatros tripulantes… Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi que la intención era la pesca del cazón, aunque todos saben que es  inofensivo no creo que nadie tenga la certeza de que se trata de cazones y no de tiburones. Ver la alegría que les producía cuando aparecía alguna aleta, mientras se preparaban con palos para matarlos a golpes, a mi me dejaban helado y solo pensando cuando llegaría el momento de regresar.

Mi temor que al principio se limitaba a las cámaras fotográficas, paso rápidamente a mi persona. Pasó así toda la noche, vigilando las líneas de pesca que nos brindaron 4 excelentes peces, 3 sardas y un pez limón. Pero con el sol llegaron más problemas porque Bernardo es de los pescadores que están acostumbrados a salir al mar a sin comida y sin agua potable. Esperar a que el viento sople nuevamente hacia tierra y el tiempo de navegación bajo el ardiente sol del norte de Brasil se encargo del resto. Mi experiencia termino con un principio de insolación y deshidratado debiendo pasar un par de días haciendo reposo.

La segunda vez fue una de las comunes salidas diurnas, la cual comienza a la madrugada  para finalizar, cuando cambia el viento, después del mediodía.

En esta oportunidad no lleve cámaras fotográficas pero si me cerciore que llevaran agua. Además me prepare un buen sombrero, pantalón y camisa para una mayor protección del sol. Tal cual lo hacen ellos.

Salimos cerca de las 5.30 con varias jangadas más, pero a diferencia de la vez anterior, cada uno tomo rumbos distintos. En total éramos cuatro tripulantes y a decir verdad, me hicieron trabajar bastante. Me dieron tres líneas, una en cada mano y la otra la ate a un madero. Cosa que no le gusto mucho a “Bernardo”; sostenía que se podía cortar como luego sucedió.

En el banco de proa llevábamos colgadas dos calabazas con agua, otra con ‘farofa’  (harina de mandioca molida gruesa), líneas de pesca, cabos y un par de canastos.

A medida que sacábamos pescados, los colocábamos en un gran canasto llamado “sambura”, previa marca que cada uno le hacía para poder reconocerlos. Jao los marcaba en el espinazo, Elbo en la cabeza, Bernardo no los marcaba y los míos iban para Bernardo   que era el dueño de la jangada.

Según lo que me contaban pude establecer que la media por mes es de 400 kg. , a veces sacan hasta 50 kg. Por salida. Los peces más grandes se atan en el centro de la jangada.

Los nombres de los peces que pude entender son:’ pirapiranga, guaiuba, dentao, cioba, garoupa, xira y sirigado ‘, entre otros.

El regreso esta vez fue un tanto diferente, ya que una vez guardados los elementos de pesca comimos ‘farofa’ y para bajarla gran cantidad de agua.

Saque de un sobre hermético los cigarrillos, todos fumamos con gran tranquilidad mientras me preguntaban la modalidad de pesca en la Argentina, extrañándose que no existiera jangadas. Elbo aconsejo a los demás en no pensar de ir a vivir a la Argentina, no sabrían que hacer sin jangadas.

Bernardo estaba contento porque capture 9 piezas (no muy grandes) y tan  solo perdí una vieja línea. En forma de gratitud me invito a cenar en su ‘barraca’.

Volvimos a tierra rápidamente con un buen viento del N.E. que nos daba por la aleta. Para pasar la rompiente soltó la vela a último momento para disminuir el impacto y ayudándose con los remos, la mantuvieron perpendicular a las olas.

Durante la cena, en la cual comimos algo llamado ‘Caruru’, similar a un extraño guiso de verduras y un excelente ‘acaraje’ (albóndigas fritas de camarón con porotos) me invito a salir nuevamente al día siguiente.

    

Pesca con red y trampas

Esta salida fue la más breve y a su vez la más divertida, ya que fuimos a los arrecifes a pescar con red. Esta tiene piedras que la mantienen en el fondo y en el borde superior flotadores. Un extremo se ata a la jangada y con otra auxiliar, más pequeña, se describe un gran  círculo. Luego se trae todo el conjunto a la principal y se iza a bordo.

Esta operación la repetimos cinco veces, aunque no siempre salía de la misma forma debiendo bucear para desenganchar la red en tres ocasiones. La pesca fue abundante y muy variada.

El mar bullía cuando rompía contra los arrecifes formándose gran cantidad de espuma. La jangada desaparecía debajo de esta al cruzarlos, quedando solo los bancos y la vela fuera del agua.

También me explicaron que la pesca entre los arrecifes se daba con abundancia solo en ciertos días donde factores como corriente, viento, sol y temperatura se conjugan.

Simultáneamente  a nuestra pesca vimos como otras jangadas se encargaban de revisar trampas para langostas o cangrejos. Sea renovando carnadas o cambiándolas de sitio.

Luego de cuatro horas regresamos con un mar algo agitado. Las olas que se nos acercaban por la popa, nos pasaban reventando contra la jangada bañándonos. Cada tanto barrenábamos alguna con bastante temor de que se cruce, con el consiguiente peligro de tumbar y perder la pesca. Pero todo termino bien y causamos un sin número de comentarios por parte de los otros pescadores, al regresar con semejante botín.

Luego de retirada del agua y colocada sobre rodillos de troncos, la alejamos de la rompiente dejándola con la vela extendida para que se seque.

 

El  ‘Xareu’

Esta pesca se realiza en varias épocas del ano. No puedo precisar exactamente  cuándo y por sus características debería investigarse más.

Los jangadeiros portan en sus embarcaciones una enorme red de arrastre. Formando un círculo la van arrojando al mar. Una vez bien establecida “los hombres de tierra” tirando de gruesos cabos la llevan hacia la playa.

Se reúne mucha gente que no son simples mirones, sino que cumplen una función ya que cuando los “hombres de tierra” comienzan  a recoger la red, la población allí reunida entona canticos. Lo poco que pude averiguar es que se trata de una acción conjunta de carácter ritual proveniente de ritos africanos.

Vela

La vela es de algodón cosida generalmente por la mujer. Su duración es de un ano, siendo al principio blancas; rápidamente se van ensuciando. Esto, sumado a los parches y zurcidos de las rifaduras, las hace muy atractivas.

He visto en distintas partes velas de Dacron que se les regalan a los jangadeiros para que hagan publicidad. Las hay con emblema de Coca-Cola, Wolkswagen, Sprite, L.M., etc.

En la Bahía de Guanabara tuvimos la oportunidad de ver tres jangadas que, traídas  de ‘ilheus’, hacían propaganda. Salían casi todos los días a pasearse frente a las playas con velas con la publicidad de “Sprite”.

A las velas de algodón hay que ir mojándolas para que la trama se cierre y no dejen escapar viento.

Contestando una pregunta que siempre me hacen, para virar o cambiar de borde en una ceñida, se ponen con viento en popa y se pasa la escota de banda, previamente se lleva la entena a posición vertical. Después de hecho esto se vuelve al rumbo deseado.

 

Itamaraca

Es una isla al N. de Recife, que es famosa por varios motivos: uno de ellos el presidio y cárcel abierta; así es que no hay que asustarse si al cruzar un estrecho y largo puente que une la isla con el continente, es detenido por diferentes controles policiales y militares. En los campos se ve trabajar a los presos con sus sombreros de ala ancha y trajes típicos (de presidiario: a rayas blancas y negras). Los familiares cruzan el puente y los van a visitar a los campos; más de uno se queda a pasar el día con ellos ayudándolos en el trabajo.

Guardias negros, con blanca vestimenta y fusil en mano o látigo al cinto, dan la sensación que en un abrir y cerrar de ojos ingresamos a un filme de presos y escapes, faltando solo ‘Papillon’.

Por ese brazo de mar que separa la isla del continente, de unos 500 a 1000 mts. De ancho, se ven cantidad de velas latinas de las barcas de pescadores y canoas llevando pasajeros (el ferry local) desde y a diferentes puntos de la isla.

La isla en si es un lugar paradisiaco. Con grandes playas que se comparten entre bañistas y pescadores. Cerca de ‘Vila Velha’ hay varias colonias de pescadores, cuyas cabañas hechas con hojas de cocoteros se hallan alineadas sobre la  playa mirando al mar. Gran cantidad de trampas para langostas se ven apiladas en su interior, redes puestas a secar, el martilleo de alguien calafateando alguno de los barcos de pesca, que al no haber puerto, con rodillos de tronco y tracción humana son retirados del agua.

Cerca de ellos, los jangadeiros son las vedettes de los arrecifes ya  que con sus embarcaciones se encargan  de recorrerlos pasando una y mil veces sobre la “rebentacao”, tan temida para aquellos que calen más de 30 cm de profundidad.

Algunas de estas barracas, que durante el día funcionan como puestos     de venta de pescado, a la noche se transforman en bares.

Allí los pescadores se reúnen, comen una ‘moqueca de peixe o camarao’ y con mucha ‘cerveija’ y ‘cachaca’, se ponen a sambar para, por lo general, terminar en batucadas.

Por su puesto que no se puede llegar con auto; es así que tanto las provisiones como la pesca se van de aquí a hombro hasta la única ruta asfaltada de la isla.

En Itamaraca el contraste de la colonia de pescadores y su forma de vida con el entorno no es tan violenta como en ‘Salvador’ o ‘Recife’.    Pituba, cerca de Salvador, era una pequeña aldea de pescadores.  Ahora altos edificios, con hermosas casa  de fin de semana, ocupan la aldea. En la playa sigue la colonia de pescadores con sus barracas, jangadas y canoas.

En una oportunidad pase unos días en la colonia, conocí a su jefe Bernardo, que me enseno a navegar y pescar como lo hacen ellos. Cuando volví a pasar por allí, luego de tres anos, al preguntar por el me presentaron  a Caio, el nuevo jefe: -“Iemanja se lo llevo a Bernardo una noche, hace más de un año…”

Pedro, que fuera tripulante de Bernardo, me reconoce, está contento porque progreso; ahora tiene una jangada propia con 2 tripulantes. Esta orgulloso ya que es grande y lo que pesca le alcanza para vivir; la  esposa colabora con el cosiendo y bordando todo el día.

Me invita a quedarme y salir a pescar con el y me quedo dos días antes de seguir viaje a Recife.

En Recife los pescadores cuentan con  “sponsors” que le suministran velas de Dacron, de vistosos colores y bien pensados logos, para que las usen en su salida diaria sobre todo porque detrás de las barracas se pueden ver al Sheraton y al Hilton entre otros hoteles de súper lujo. Mientras algún grupo de turistas las señalan y felices sacan fotos, se escucha decir (refiriéndose a los jangadeiros) “Beware of pickpockets”.

Su  futuro

 

Sin embargo quedan cientos de pequeñas aldeas de pescadores como en Itamaraca, Canoa Quebrada, Cabo Branco, etc.

 

En ellas, como hace quinientos años, la jangada sigue prestando servicios sin miras a desaparecer.

 

Tiene muchas ventajas en el nordeste de Brasil en zonas sin puertos, donde los vientos frescos azotan a las playas rodeadas de arrecifes. Son insumergibles y de bajo costo.

 

Más lentas que las canoas, pero mucho más seguras, son preferidas para salidas largas lejos de la costa.

 

Esta embarcación está perfectamente adaptada a su uso y las condiciones meteorológicas de la zona. Su futuro dependerá de que estos factores cambien o lo hagan las condiciones socioeconómicas.

 

En cuanto a los materiales que se emplean, he visto últimamente utilizar canos de PVC en el casco en vez de palos, pero no fue muy aceptado. Tengo  entendido que por un lado no navegan muy bien y además se hunden. Siendo un conjunto flexible y demasiado liviano, haciendo peligrosa la navegación en el mar. Por otra parte pasar los arrecifes puede representar que  golpee y se llene de agua, hundiéndose. Desvirtuando el principio de la jangada (balsa).

 

Pero sobre todo, porque habría que cambiarles las tradiciones que mantienen desde hace siglos, las mismas que los hacen felices.

 

Esas que el europeo logro cambiar en África, donde ritos y creencias ligadas al mar, han desaparecido, pero se hallan presentes en Brasil.

 

Tal vez así cambie o desaparezca la jangada de Brasil. Si esto sucede estemos atentos para ver qué pasa con su gente.

 

Mientras tanto, gracias a ella, su gente sobrevive.

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