Julio Verne y el Faro del Fin del Mundo: Coincidencias entre la novela y la realidad

 

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Muchos sostienen que la novela de Julio Verne “Le Phare du Bout du Monde” (El faro del fin del mundo) fue escrita muchos años antes de que se construyera el faro. Se refieren a 1859, pero esa fecha es la que refiere Julio Verne con respecto a la construcción del faro que relata la novela, no cuando la escribió.

Aunque Julio Verne nunca conoció el lugar, dicen que prácticamente tuvo una especie de visión, por la forma como describe la isla y lo que sucedió en ella. Lo cierto es que, en la exposición de Jules Verne en La Mairie de Dinard en el año 2000, a la cual fuimos invitados, accedimos a manuscritos y mapas de Julio Verne. En especial un globo terráqueo en el que está marcado en ROJO, por el propio Julio Verne, la ubicación del faro en el Cabo San Juan, y las distancias a Punta Arenas, Estrecho de Le Maire, Cabo San Diego etc. En ese globo, también están marcadas las peripecias de los hijos del Capitán Grant, en especial el cruce por el Estrecho de Magallanes y los puntos que nombra.

Si bien navegaba esas aguas con la imaginación, debía de estar bien informado y no debemos olvidar que fue un buen navegante y dueño de varios yachts que usaba para veranear y pasear.

Como todo navegante, se basaba en los derroteros (como el South America Pilot) y en conversaciones con otros que conocían la región. Es una práctica habitual hasta hoy en día.

También encontré que, en sus borradores, dejaba espacios como para agregar algún otro párrafo e incluso partes en blanco como para colocar nombres, lugares y fechas. Luego lo completaba.

Un difusor muy importante del problema que causaba este faro fue el barón Adrien de Gerlache quien, al pasar por el lugar con el Bélgica en su viaje a la Antártida, fotografió el faro y la estación de Salvamento junto a la Subprefectura y cuadras de Marinos. Esto se hizo público en su libro y en periódicos de la época. Además de que se conocían y almorzaron con Eiffel en la famosa torre en la Exposición de 1899.

Pero después de haber leído la famosa novela, y en especial muchas de las crónicas de la época, además de haber estado y permanecido en el lugar realizando trabajos de relevamiento, es evidente que, al escribir la novela, nuestro querido Julio Verne, conocía muy bien lo que había sucedido históricamente. Por supuesto que, como gran novelista, supo retocar para hacer de simples hechos históricos una novela cargada de aventuras.

Para los que siguen descreídos de que así fue, tomaremos algunos pasajes del libro. En primer lugar, recordemos que la novela fue publicada por primera vez en 1905, después de la muerte del gran novelista. Sucedió que el hijo encontró en un cajón dos cuadernos escritos a lápiz y repasados a tinta, uno era “El volcán de oro” con escenas de la Antártida, y el otro el “Faro del Fin del Mundo”. Justamente el faro del fin del mundo tiene relación con el tema antártico porque dicho faro era el lugar de recalada para las exploraciones antárticas que se estaban llevando a cabo a fines de la década del 1800 y comienzos de la del 1900. Por otra parte, el faro fue construido en 1884 y luego trasladado en 1902. Era la última luz ante lo desconocido. Ahora vayamos al libro.

Entre los comentarios lógicos para situar al lector, Julio Verne escribe en su primer párrafo que el crepúsculo es largo “en aquellas altas latitudes, a los cincuenta y cinco grados del hemisferio austral” (latitud aproximada de la Isla de los Estados). En el mismo párrafo, se refiere a que, en la inauguración del faro estaba el buque “Santa Fe” de la República Argentina. En realidad, estaba el buque “Paraná”, que era la nave insignia de la División Expedicionaria al Atlántico Sur y para todo argentino es sencillo entender que se refieren a él dado que “Santa Fe” es una ciudad, capital de la provincia de Santa Fe, ubicada sobre el río “Paraná”. Además está enfrente de la ciudad de “Paraná” capital de la provincia de Entre Ríos.

En el segundo párrafo, sitúa al faro “… construido a tiro de fusil detrás de la bahía de Elgor, en la que el Santa Fé se hallaba fondeado”. La cañonera “Paraná” estaba fondeada en esa bahía que, hasta el día de hoy, no tiene un nombre en particular. En el diario de a bordo, se referían a ella como la “encenada” (sic.) y el lugar donde se construyó el faro como “la punta”; después fue llamada “Punta Lasserre”. Un poco más adelante escribió: “... y el silencio volvió a reinar en la isla de los Estados, situada en el punto donde confluyen las aguas del Atlántico y las del Pacífico.” En forma directa nombra la isla y una de las particularidades que la hizo tan famosa. En realidad, toda la zona es el lugar donde los dos océanos confluyen: la isla es el único escollo que encuentran los elementos. Los cerros de la isla atrapan las nubes que desde el Pacífico traen los centros de baja presión con los fuertes vientos de los sectores sur y oeste. La corriente es fuerte y la marea forma olas importantes (escarceos de marea). De esta forma, los barcos que quedaban encalmados eran conducidos por la corriente hacia donde esta llevaba. Muchas veces contra rocas, islotes o la propia costa de la isla.

En otro párrafo donde figura un diálogo entre dos torreros del faro uno le dice al otro: “…Que estos parajes son temibles, no hay duda! Que tengan triste reputación los mares del cabo de Hornos, es justo! Que, precisamente, no haya a estas horas cuenta de los siniestros ocurridos en la isla de los Estados, y que los piratas no puedan elegir un lugar mejor para hacer fortuna, lo admito también! Pero todo esto cambiará, Felipe! Ahora la isla de los Estados tiene su faro, y no podrá apagarlo el huracán, así sople desde todos los rincones del horizonte! Los navíos lo verán a tiempo para rectificar su ruta!…

Se guiarán por su luz, sin correr el riesgo de estrellarse en las rocas del Cabo San Juan, de la punta San Diego o de la punta Fallows, aún en las noches más oscuras!…”. Tanto Cabo San Juan como el Cabo San Diego fueron dos lugares plagados de naufragios.

Es así como siguen las “coincidencias”. Al comandante del buque lo bautizó “Lafayate”, cuando el real se llamaba “Lasserre” (Coronel Augusto Lasserre). No puedo dar una explicación de los cambios introducidos en los verdaderos nombres pero sí llama la atención la aproximación a todos los detalles. Incluso en la velocidad del buque de motor y su capacidad de navegar con vela como así también la función de: “… custodia de las costas patagónicas y fueguinas…”. Por supuesto que existen muchos detalles que no son verdaderos y que poco hacen al hecho histórico.

Existen muchos pasajes en el libro que hacen pensar la gran mezcla de conceptos sobre la zona que hizo Julio Verne, ya sea por haber leído distintas publicaciones o por haber escuchado a navegantes o marinos argentinos. Escribe sobre las “… borrascas magallánicas…” que debe soportar la construcción y justamente la forma del faro y los elementos de construcción que relata no tienen nada que ver con la realidad. Como ejemplo, se puede tomar la “… escalera de caracol, de peldaños de piedra empotrados en la pared,…” y demás descripciones de la construcción. Tampoco son acertadas las descripciones del cabo San Juan y del puerto, pero sí es acertado el concepto de buen puerto y que es el único después de salir del estrecho de Magallanes. Tanto es así que fue un puerto muy utilizado por los navegantes franceses de Saint-Malo. Nada comenta de la sub prefectura, ni del presidio, ni tampoco del piquete de marinería que quedó en el lugar.

En el segundo capítulo, describe muy bien la isla con algunos datos históricos, distancias y dimensiones de la isla. Todo muy bien y exacto, como las 39 millas de largo de la isla y las 11 millas en su parte más ancha. Después nombra entre la fauna marina a las morsas y demás inexactitudes de todo tipo. Por un lado, estas son lógicas por ser un lugar tan poco conocido. Culmina con una contradicción diciendo que se trataba de “... Una roca enorme casi inhabitable…”. Pero es en esos momentos que la novela va tomando forma con elementos que van a tener su lugar dentro de la trama.

Un punto en el que la gente hace hincapié es que el novelista sitúa los hechos que se suceden durante el año 1860 haciendo referencia a que el faro fue inaugurado el 9 de diciembre de 1859, cuando en realidad sucedió el 25 de mayo de 1884. Cuál fue el motivo es imposible saberlo. Llama más la atención cuando hace referencia a la propiedad de la isla diciendo textualmente: “… forma parte del archipiélago magallánico, entonces indiviso entre las dos repúblicas del extremo del continente americano. Más tarde, como consecuencia del reparto de las regiones magallánicas en 1881, la isla de los Estados pasó a integrar la República Argentina.” Demás está decir que, los que dicen que la novela fue escrita cerca del 1860 no pueden explicar cómo sabía el escritor que, en 1881, se firmaría el famoso tratado de límites entre Argentina y Chile.

En la parte que se refiere a los bandidos, cita lugares como “Punta Arenas”, de donde se escapan los jefes dado que habían cometido delitos muy graves y deciden refugiarse en Tierra del Fuego. Lo histórico es que Punta Arenas fue una importante ciudad durante el 1800 que tuvo sus comienzos como “colonia penal” y donde existieron cruentas fugas y sublevaciones, como el “Motín de los Artilleros”, sobre el que vale la pena leer. También en Punta Arenas estuvo la mayor base de “raqueadores” de la región. El raque (del inglés wreck, que significa naufragio). Eran personas que, al enterarse de un accidente, salían con sus embarcaciones a tratar de salvar todo lo que se pudiera del buque antes de que el mar se encargara de hacerlo desaparecer. Es así como hubo empresas de salvamento que, además de salvar las vidas, negociaban con la compañía de seguros sobre cargamentos y, en algunos casos, el buque en sí. Ahora bien, hubo muchos otros que, en sus pequeñas goletas o cúteres, se dedicaban a robar a los náufragos y llevarse todo lo posible del buque. Actuaban como verdaderos piratas.

Existieron grupos que operaban desde las islas Malvinas y usaron la isla de los Estados como escondite. Don Luis Piedra Buena, segundo propietario de la isla, se dedicó a navegar por la región cazando lobos marinos y pingüinos, además de poseer un almacén de ramos generales en Punta Arenas y un establecimiento en la isla Pavón en el río Santa Cruz. Con sus buques, tanto el bergantín “Espora” como el pequeño cúter “Luisito”, realizó muchos salvamentos y alejó a estos grupos que asolaban a los náufragos.

Es evidente que mucha de esta información debe de haber llegado a oídos del gran novelista porque hasta detalles insignificantes, como el naufragio de los “bandidos” en cabo Colnett y las aguas tranquilas del puerto Parry, llaman la atención por lo exacto del comentario.

Desde el cuarto capítulo en adelante, continúan las referencias a la geografía de la isla pero la trama de la novela con sus protagonistas, torreros, piratas y náufragos, con su forma de pensar y actuar, toman el primer lugar de la escena y las referencias no tienen mucha importancia y hasta a veces son vagas y confusas.

Hacia el final de la novela, el buque “Santa Fé”, con pabellón de la República Argentina, regresa comandado por “Lafayate” y, luego de una persecución por toda la isla, logra capturar a algunos de los bandidos, mientras su jefe se suicida y otros mueren de hambre. En algo se asemeja a lo ocurrido en 1902 con la famosa fuga de presidiarios de la isla de los Estados. Pero es imposible saber si realmente conoció los hechos o fue solo una verdadera coincidencia. Es notable ver cómo el jefe de los bandidos prefiere quitarse la vida antes de ser capturado y transportado a Buenos Aires, donde hubiese sido juzgado y condenado con una severa pena. Así sucedió con los fugados del presidio de puerto Cook (ver Fuga de los Estados, de Juan Carlos Becerra, y fotos del juicio en la colección fotográfica).

Todo indica que conocía muy bien cómo fue la inauguración del faro y las características de la isla. Si la construcción y los hechos no se ajustan a la realidad, puede deberse a que la información que tuvo no fue completa (aún hoy en día no nos queda claro el punto de la “torre” de 25 metros que para algunos existió durante un corto tiempo hasta que una tormenta la derribó y para otros nunca existió; siempre fue como la foto tomada por la expedición de Gerlache en 1898) o necesitó de ciertos “ingredientes” para armar una mejor novela.

 

 

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