PUERTO TORO

 

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Este pequeño y protegido puerto natural fue fundado en 1892 ante la gran afluencia de buscadores de oro que iban con destino a las islas Picton, Sur de Navarino y Lennox; algunos a Nueva.

Su nombre proviene del Vapor Toro que durante unos años antes llegaba al lugar con los mineros y provisiones. Veamos que entre julio y setiembre de ese año llegaron a Lennox (había más de 700 mineros) 14 embarcaciones con más de 400 esperanzados en hacer una fortuna en oro.

Hasta ese momento el mayor proveedor de los buscadores era Thomas Bridges de la Estancia Harberton (1886) que visitaba a los mineros ofreciendo alimentos y herramientas. Esto hizo que su precaria posición económica al comenzar con la Estancia lo ayudara mucho.

El Gobernador Manuel Señoret de Punta Arenas llegó en la corbeta Magallanes el 1° de Noviembre de 1892 y llevó un comisario (sargento) con 8 policías y un cabo. Por otra parte mensualmente hacía llegar suministros para los mineros y tratar de formar una colonia en el lugar.

Nadie se imaginaba que la fiebre del oro durara tan poco y en unos 4/5 años no quedaba casi nadie. Estos fueron también responsables de la drástica disminución de los yaghanes en el lugar.

El lugar quedó semi desértico. Solo habitado por una alcaldía de mar y algunos pescadores. Con una escuela, una iglesia, una plaza con juegos para niños. Viven pocas familias Son unos 32 habitantes permanentes. Sucede que durante la temporada de pesca de centolla y centollón entre los meses de setiembre y noviembre llegan centenares de pescadores con sus lanchas viveros (las cargan de agua para mantener la centolla viva).

El alcohol esta totalmente prohibido, imaginemos esa cantidad de pescadores (mas de 400) deambulando por el lugar hasta que el clima permita ir a revisar las trampas. El resto del año son pocas las lanchas pesqueras que buscan erizos y otros mariscos.

Es interesante ver la gran diferencia que hay con la costa Argentina del Beagle. Según los estudios presentados por Chile y que tuvieron cierto peso en la resolución del conflicto es que este litoral marítimo (islas Wollaston etc.) comparten características biológicas e hidrográficas del Océano Pacífico.  Muy diferente a la Isla de los Estados y la costa Argentina de la Isla Grande de Tierra del fuego.

Fue un lugar muy fortificado antes y durante el conflicto del Canal Beagle (1977). Todavía es posible visitar trincheras, casamatas, pozos de zorro, alambradas etc. Se estimaba que por allí podrían ingresar tropas Argentinas para ocupar la Isla Navarino.

Pero veamos un relato mío del primer viaje que hice a PUERTO TORO, Isla Navarino.

Es interesante  ver la primera impresión que uno tiene de un lugar. Quiero aclarar que después realice muchos viajes en distintas embarcaciones e inclusive a caballo. Así se podrá ver en las fotos con o sin nieve y distintos compañeros de investigaciones. En este rviaje habíamos partido de Ushuaia, recalado el Puerto Almanza, luego Puerto Williams, isla Navarino, Chile y luego hacia el Cabo de Hornos que no pudimos alcanzar hasta el tercer intento. Este fue el primero.

Por el momento navegábamos a radar por el paso Goore y no bien encaramos Bahía Nassau un viento de 44 nudos nos hizo girar 180 grados. Así de fácil. Llevábamos solo el foque que apoyado por el motor nos llevaba a unos 6 nudos. Súbitamente apareció una ráfaga de viento que se convirtió en chubasco de nieve para permanecer durante varias horas. Con Jorge nos miramos y llegamos a la conclusión que lo mejor era poner proa a Puerto Toro y esperar en un lugar seguro a que la cosa mejorara. Al ser una navegación por canales las olas no superaban el metro así es que fue todo muy plácido, en especial cuando timoneábamos desde adentro.

La parte interesante de esta situación fue como a las 2,30 de la madrugada, y sin que nadie lo pronostique, comenzó a soplarse todo acompañado de una buena precipitación en forma de nieve.

 

Puerto Toro.

Después de la clásica confusión que sigue a un cambio de rumbo de 180 grados, con el consiguiente gualdrapear del trapo y los fuertes golpes de escota contra la cubierta, Jorge se encargó de hacer la navegación hasta Puerto Toro donde arribamos hacia las 5 de la mañana, mientras nevaba y la presión subía a 1006 mb..

Decidimos estar alertas a los cambios que podía presentar el clima y volver a zarpar no bién “pintase” aceptable. Pero mientras tanto dormimos plácidamente amarrados al muelle junto a las lanchas pesqueras. No hay mejor sueño que cuando se está en puerto y, mejor aún, junto al muelle.

Poco después del amanecer comenzaron a llegar las tripulaciones de las lanchas y los motores se pusieron en marcha. Inmediatamente salté a tierra para registrar la actividad de los pescadores sobre un muelle totalmente cubierto por la nieve como así también lo estaban las embarcaciones, utensilios, artes de pesca y lo que es peor los “cabos”. Si tomar con la palma de la mano desnuda un cabo mojado en invierno da una sensación poco agradable, no se imaginan la impresión de agarrar un cabo nevado y semi congelado. Es una de las peores experiencias en la pobre vida de cualquier amante de la vela.

Por otra parte el sol naciente, en la única parte del cielo despejado, iluminaba todo el escenario invitando a tomar fotografías. Sobre la costa se veían pequeños botes totalmente cubiertos por la nevada. Hacia el norte había un par de embarcaciones más grandes varadas en la playa y con las cuadernas al aire. Una ruta sube serpenteando la colina y a sus márgenes se desparraman una docena de pequeñas casas. Cerca del muelle, la capilla y un camino que conduce a un puente junto a una alambrada que separa la sección militar del resto de la población, completaban el paisaje. En seguida nos dispusimos a explorarlo pero nuestro práctico nos aconsejó que esperaramos al “Alcalde de Mar” que nos iba a visitar y dar las correspondientes recomendaciones y autorización sobre dónde se puede ir, hacia donde se puede fotografiar o qué no. Mejor de esta forma a meterse en problemas en un lugar tan apartado del resto del mundo.

A las 7 de la mañana comenzaron a salir las lanchas pesqueras; una tras otra se alejaron hacia isla Lennox. Los pescadores eran de la opinión que este mal tiempo no podía durar más de 5 o 6 días y en esta ocasión faltaban solo 2 para que todo cambiase. Como ellos salen a recoger trampas de centolla por bahía Windhond, en bahía Nassau, nos comentaron que conviene cruzar la bahía antes de las 10 de la mañana. Después, por lo general, el viento se incrementa siempre del mismo sector: W-SW.

La salida de este día no duró más de una hora. Al rato regresaron para amarrarse junto al muelle mientras la nevada recrudecía. Al enterarse de nuestros planes nos recomendaron que cruzáramos a Lennox, pasar la noche allí (en Caleta Lennox) y al día siguiente partir bien temprano (5 a 6 de la mañana) hacia la isla Hornos. Como sus apreciaciones meteorológicas diferían bastante con las de nuestro práctico decidimos optar por la solución intermedia: nos quedamos amarrados al muelle para ver si mejoraba algo. Siempre hay que escuchar y valorar mucho las observaciones de estos marinos que, aunque tengan poca instrucción, se juegan la vida cada vez que salen a navegar. Hay que tener en cuenta que sus embarcaciones son más precarias que nuestro diseño en acero de Roberto Hossman y, además de eso, ellos trabajan mientras navegan. Levantan trampas, sacan centollas, las ponen en el vivero y meten carne dentro de la trampa para volverla al mar con su correspondiente boya.

Vida en Puerto Toro.

Fundado hace más de 100 años por los mineros que explotaban oro en Picton y Lennox, ostenta el título de asentamiento más austral del mundo. Una escuela sin alumnos, una capilla con candado , una plaza con juegos pero sin niños, recuerda un pasado mejor, cuando más de 50 lanchas pesqueras se reunían en la bahía. Hoy quedan 8 en actividad y la tendencia es declinante. La veda de mariscos y la casi exclusiva pesca de centollón y cangrejo, la cual mermó mucho, motivó que 3 embarcaciones se dedicaran al erizo aunque sin mucha suerte.

El nombre del lugar fue dado por el vapor que traía los contingentes de “oreros”. De aquí partían con embarcaciones de remo o vela para buscar el preciado metal; si querían regresar a la civilización se las ingeniaban para llegar a este puerto natural a esperar el vapor “Toro” que los llevaría de vuelta a Punta Arenas.

Pero durante mucho tiempo los colonos y buscadores de oro tuvieron a Ushuaia como centro poblado más cercano. A ella acudían cuando necesitaban médico, provisiones e incluso trasladaban los productos que obtenían. Si bien los cúteres que navegaban el canal unían constantemente todas las islas, muchos lo hacían a remo en balleneras. Partían de Ushuaia a Puerto Toro durante alguna calma y luego esperaban otra para cruzar a caleta Lennox.

Toda la gente del lugar proviene de distintos regiones del litoral marítimo chileno. La mayoría lo son de Punta Arenas y del Golfo de Ancud (puerto Montt o isla de Castro). Según nos fueron relatando Hector Silva y Claudia Gonzalez Loustau, esposa del Alcalde de Mar, la vida en estos parajes transcurre rutinariamente pero con acontecimientos inesperados casi todos los días. Así es como Hector recordaba que, estando de guardia en la radio del destacamento de Hornos, una tarde escuchó la alarma de un pesquero por la frecuencia de 21182 Kc. Se trataba del “Teperiza” de San Lucas de Barramera , España, que se hundió a 10 millas de una isla. El retransmitió el mensaje y posición del naufragio a Puerto Williams que a su vez lo pasó a Santiago y luego a España , salvándose de esta forma los 14 tripulantes del buque.

Jamás me iba a imaginar que estando de guardia en Hornos alguién salvase a una tripulación en España. Pero él fue el único en captar el MAYDAY del pesquero. No muy tranquilos nos quedamos imaginando que si algo nos pasaba dependeríamos de una estación en la península arábiga u otro lugar apartado del planeta, pero esos son los raros vericuetos de la propagación y las señales de radio. Según nuestra neófita forma de entender las cosas pensábamos que estos puestos estaban para ayudar a los náufragos de la zona pero esto rara vez sucedía, y su presencia era más por soberanía que otro asunto.

Lobos marinos y centolla.

Así las charlas continuaron sobre pesca, población y depredación. Muchos de los males económicos que sufren son sindicados a los pesqueros y buques factorías “japoneses” (así denominan en la zona a todo buque oriental). Lo cierto es que la pesca decayó y el resurgimiento que tuvo el lugar durante la década del 60 era solo un recuerdo.

La charla continuó sobre la cacería de lobos marinos y delfines. Aunque prohibida ambas, los pescadores aprecian mucho la carne de los delfines para cebar las trampas de centolla. En su defecto usan la de lobo marino y, en el peor de los casos, cualquier otra.

Al lobo marino lo aprovechan de distintas formas. Así es como se aprecia mucho su piel para hacer botas y la grasa sigue siendo usada para hacer aceite. Al carnear el animal ponen la grasa dentro del cuero y la hierven. De este procedimiento obtienen aceite fino y “chicharrón”, de un gusto tremendo, que consumen con entusiasmo. Un poco más pasable es el aceite, el cual es utilizado para condimentar las comidas (inmediatamente toman olor al lobo marino) o para beberlo solo, a modo de medicina.

Según la creencia popular una copita por día de este aceite hace engordar al hombre más escuálido que exista sobre la tierra, convirtiéndolo en un fortachón de 90 kgs. Aseguran que aporta una gran cantidad de calorías y vitaminas. Así es como las dosis pueden variar de una copita diaria , por la mañana y en ayunas, a una por semana; esta última es una dosis para niños. El aceite más preciado es el que se obtiene en el sur y no en el norte. Entre otras virtudes se dice que es un eficaz afrodisíaco y ayuda a no sentir frío.

De la lancha “Lidia” se acercaron dos pescadores a ofrecernos centollas. El trueque consistió en 3 cartones de vino (Tetra-brick) por un balde lleno de centolla limpia y hervida. La lancha estaba tan hundida que llamaba la atención. El vivero que posee para las centollas estaba muy cargado de agua haciéndola parecer a un submarino. El mal tiempo no los dejaba pescar ni navegar a Pto. Williams para dejar las capturas.

Durante el día visitamos el pequeño poblado, la vacía y triste plaza con juegos para niños, la acogedora casa del Alcalde de Mar que nos recibió amablemente y en la cual nos enteramos un poco de la historia del lugar, pero así y todo la espera se hacía casi insoportable. Un antiguo dicho marinero italiano hace referencia a la paciencia de los marinos pero otro más vernáculo dice a las claras “El que espera desespera” así es como a las 16 horas soltamos amarras para de un salto llegarnos al Cabo de Hornos.

Segúndo intento.           

Con muchos bríos y poca información nos largamos con rumbo a caleta Lennox donde pensábamos pasar la noche, si el tiempo se ponía mal, o sino seguir directamente a la isla Hornos.(Continua …. Cabo de Hornos).

NOTA:  Así fue como a las 17 hs zarpamos con rumbo a isla Hornos. La tripulación estaba formada por Jorge Trabuchi, capitán y dueño del “Callas”; Hernán Silva, práctico de la Armada de Chile; Pedro “Gato” Curuchet; Raúl “barba” Schwartz; Luis “Firpo” Aguila; Daniel “Cunchi” Kuntschik, de la prefectura argentina; el sereno Sergio Olmos, encargado de las comunicaciones y amigo de Mario Capllonch proveniente de Buenos Aires que no se caracteriza por hablar solo lo indispensable.

En las otras travesias de exploracion e Investigación.: Estuvieron los de la Ventura del Hombre don Daniel Terrile y gran equipo inolvidable. En Otra Jorge May, Leonardo Menarguez, Raul Grunthal, Raul Urueña Jorge Trabuchi y Carlos VFairo. En Otras un grupo de Finlandeses, Suecos y noruegos a pasar Fin de Año con Jorge Trabuchi, Gato Curuchet y Carlos Vairo. Seguro me olvido de alguien.

En Otras con el Ice Lady Patagonia. Otras mas con el el velero Cest la Vie, y demás. Aclaro esto por algunos envidiosos mal intencionados  que se han expresado que no fui solo. Desde Ya que no, pero aparte de no saber escribir se quejan  ocultamente y mandan mensajes a escondidas de cobardes que son.

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